SANTO DOMINGO. – El Congreso Nacional ha iniciado una carrera de 150 días que determinará el futuro del trabajo en la República Dominicana. Con el inicio de la nueva legislatura, la reforma laboral se coloca nuevamente en la «silla caliente»: si los diputados no logran un consenso antes de julio, el proyecto perimirá por tercera vez, obligando a empezar desde cero un proceso que ya cumple un año y cinco meses de parálisis.
Aunque el Senado ya le dio el «visto bueno» en octubre de 2025, la pieza se encuentra estancada en la Cámara de Diputados. El nudo gordiano sigue siendo el mismo: la cesantía. Mientras el Poder Ejecutivo envió una propuesta que no toca este beneficio, los sectores empresariales presionan por cambios en el cálculo y las multas, algo que los sindicatos defienden como una línea roja innegociable.
Un código «prehistórico» El ministro de Trabajo, Eddy Olivares, ha sido tajante: «Estamos en 2026 y no podemos seguir con un código de 1992». Según el funcionario, la normativa actual es incapaz de regular realidades modernas como el teletrabajo, la economía azul o el trabajo doméstico, áreas que han transformado el mercado laboral en las últimas tres décadas.
Las posturas en el Congreso:
El oficialismo (PRM): Reconoce que falta poco, pero admite que el disenso entre empresarios y trabajadores es «muy amplio».
Posición radical: Algunos legisladores, como Rogelio Alfonso Genao, advierten que en la Cámara de Diputados «no hay terreno fértil» para tocar la cesantía y exigen aprobar lo ya consensuado para evitar que el proyecto caduque.
El tiempo corre. Si para julio no hay humo blanco en ambas cámaras, la reforma más obstaculizada de la gestión de Luis Abinader volverá al archivo, dejando al país con reglas del siglo pasado para un mercado del siglo XXI.