Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán arzobispo metropolitano de Santo Domingo y el Padre Superior Provincial Sociedad Salesiana de las Antillas, José Pastor Ramírez exigieron al Estado frenar la «salida cobarde» de los intercambios de disparos, sanar a las familias y crear oportunidades reales en los barrios vulnerables.`


SANTO DOMINGO, R.D. — En un mensaje frontal y directo hacia la sociedad, las familias y las autoridades del país, la Iglesia Católica levantó su voz durante la celebración del 1er. Simposio de Pastoral de Adolescentes, organizado por la Arquidiócesis de Santo Domingo en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), para exigir un cambio radical en la forma en que el Estado y la comunidad abordan la crisis de la juventud y la delincuencia.

Bajo el marco formativo que incluyó las conferencias sobre la «Teología del Acompañamiento Pastoral» a cargo de Sor Ana Julia Suriel, «El Código del Menor: Entorno Seguro y Dignidad del Menor» por las licenciadas Yissel De León y Martha Jácquez, y la socialización del manual «Realidad del Adolescente» por el padre Ronal De la Cruz, la jornada sirvió de plataforma para enviar una advertencia contundente: la violencia no se combate con más violencia, sino con prevención, justicia y verdaderas oportunidades.
«Los intercambios de disparos son una salida cobarde y una pena de muerte disfrazada»
Tanto la vicisitud eclesiástica representado por Monseñor Tomás Morel Diplán como el ponente principal del bloque de apoyo afectivo y psicológico, el Padre José Pastor Ramírez, expresaron un categórico rechazo a las ejecuciones extrajudiciales y a la retórica represiva en la lucha contra el crimen.
El Padre Pastor Ramírez calificó los denominados «intercambios de disparos» como un «monumento al irrespeto de la dignidad del ser humano» y acusó al Estado de asumir una postura «cobarde» al optar por «darle para abajo» a los delincuentes en lugar de asumir la responsabilidad de crear instituciones serias de rehabilitación social con profesionales capacitados.

En esa misma línea, Monseñor Morel Diplán alertó sobre la peligrosa normalización mediática y social de expresiones como «poner en 29» o los recurrentes enfrenamientos armados, advirtiendo que esto equivale a validar una pena de muerte no legalizada que representa un grave retroceso para la democracia dominicana. Ambos líderes enfatizaron que cualquier proceso de reforma policial debe garantizar una fuerza pública educada y respetuosa de los derechos humanos, y no una institución que profundice la violencia que ya padece la ciudadanía.

La raíz del problema: Familias heridas y adultos que deben dar el ejemplo
Al profundizar en las causas de la criminalidad juvenil, los religiosos hicieron hincapié en que las conductas reprochables de los jóvenes son el síntoma directo de una sociedad enferma con familias desintegradas, disfuncionales y marcadas por abusos de tipo sexual, económico y educativo.

El Padre Pastor Ramírez enfatizó que la sociedad suele cometer el error de juzgar a los adolescentes como un «problema a resolver», cuando en realidad son víctimas que exigen compasión, respeto, valoración y escucha. «El verdadero cambio no puede exigirse únicamente a los muchachos; tiene que nacer de los adultos de los padres, la sociedad y el Estado para inspirar buenas conductas y contagiar valores positivos», aseveró el sacerdote.
Del discurso a la acción: Oportunidades reales para los barrios

Por su parte, arzobispo Monseñor Morel Diplán responsabilizó en primer orden a los padres de cuidar y acompañar a sus hijos en esta etapa de alta vulnerabilidad donde son presa fácil del crimen organizado, pero dirigió una exigencia directa al gobierno para rescatar los barrios marginados.

El prelado enfatizó que los sectores vulnerables no necesitan más represión, sino infraestructura social: escuelas de música, talleres de arte y centros deportivos funcionales donde los muchachos puedan cultivar sus talentos en lugar de quedar a la deriva en el ocio, el consumo de drogas y el microtráfico.


Con este simposio, la Pastoral de Adolescentes reafirmó su compromiso de ser un espacio comunitario de fe, escucha y contención para la juventud, al tiempo que emplazó a las autoridades a construir un sistema de justicia fuerte, preventivo y humano que garantice la vida y la dignidad de cada dominicano.
