Ante la lenta llegada de las autoridades estatales, residentes de El Junquito y Catia La Mar se convierten en héroes civiles para salvar a familias atrapadas entre los escombros.
Caracas.— En medio del silencio sepulcral que suele seguir a la destrucción, un sonido devolvió la fuerza a los habitantes del sector El Junquito, en el noroeste de Caracas: la voz de los más vulnerables. Los gritos desesperados de auxilio de varios niños y mujeres se convirtieron en la única y más efectiva alerta para que los propios vecinos iniciaran, con sus manos y herramientas improvisadas, las labores de salvamento tras el devastador doble terremoto que azotó a Venezuela.
Roberto Durán, un residente de la zona que se sumó de inmediato a las tareas de remoción de estructuras colapsadas, relató a pie de escombros el dramático momento:
«Escuchaba gritos, los gritos de niños. Estaban debajo de los escombros junto a una mujer y otro joven».
Gracias a la rápida reacción de la comunidad, el grupo logró ser extraído con vida, presentando únicamente heridas leves, en lo que muchos ya califican como un auténtico milagro comunitario.
Héroes civiles ante la ausencia estatal
Este escenario de solidaridad forzada se repite en puntos críticos como Catia La Mar, en el estado de La Guaira, donde equipos de voluntarios y vecinos se aglutinan sobre montañas de concreto para intentar localizar sobrevivientes.
Sin embargo, detrás de las historias de éxito subyace una fuerte denuncia. Los damnificados de sectores como El Junquito han manifestado su profunda preocupación y descontento ante lo que consideran una muy baja presencia de los cuerpos de rescate oficiales del Estado en las primeras horas críticas, una situación que ha obligado a los civiles a asumir el rol de rescatistas arriesgando sus propias vidas en estructuras inestables.