MIAMI. – En una jornada de alta intensidad para la política exterior estadounidense, el presidente Donald Trump ofreció una visión optimista sobre el futuro del conflicto en Oriente Medio. A su regreso a la Casa Blanca este domingo, el mandatario aseguró que las negociaciones con Irán van «muy bien», a pesar de las profundas diferencias que aún persisten sobre la mesa de diálogo.
Las declaraciones de Trump se producen en un momento de tensión paradójica. Horas antes, el presidente había confirmado que revisará formalmente el plan de paz de 14 puntos enviado por Teherán a través de Pakistán, aunque advirtió que, de entrada, le resulta «difícil imaginar que sea aceptable» en su totalidad.
Diplomacia y fuerza militar en paralelo
El optimismo de Trump coincide con el anuncio del ‘Proyecto Libertad’, un despliegue militar de gran escala que comenzará este lunes. La misión busca escoltar a los buques comerciales que han quedado varados en el estrecho de Ormuz debido al bloqueo iraní.
El operativo, que movilizará a 15,000 militares y más de 100 aeronaves, ha sido presentado por Washington no como una provocación bélica, sino como un «gesto humanitario» para liberar barcos de naciones terceras que sufren escasez de suministros.
El estado de la propuesta iraní
Desde Teherán, el gobierno confirmó haber recibido la contrapropuesta de Estados Unidos. Ambos países no han logrado sentarse nuevamente tras el fallido encuentro en Islamabad a mediados de abril. El nudo gordiano de la negociación sigue siendo el control del estrecho de Ormuz, un corredor por donde transita una cuarta parte del petróleo mundial y sobre el cual Irán se niega a ceder soberanía.
Con el ‘Proyecto Libertad’ a punto de zarpar y el análisis del plan de paz en curso, la administración Trump apuesta por una estrategia de presión militar directa mientras mantiene abierta, al menos en la retórica, la puerta hacia una salida negociada al conflicto.