Delcy Rodríguez es conocida desde hace años como una operadora política implacable, una figura del poder duro del chavismo que ayudó a Nicolás Maduro a mantenerse en el poder durante más de una década, incluso mientras la economía venezolana colapsaba. Ahora, tras la captura de Maduro, el presidente Donald Trump apuesta por ella como la nueva líder de facto del país.
Rodríguez, una socialista convencida y hasta ahora vicepresidenta, fue elevada al centro del poder el sábado, cuando Trump anunció que Estados Unidos comenzaría a “dirigir Venezuela” durante un periodo de transición. Con esa decisión, la Casa Blanca optó por preservar intacto el núcleo del régimen chavista, eligiendo a una de las colaboradoras más cercanas de Maduro en lugar de respaldar a la líder opositora María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz y aliada ideológica del mandatario estadounidense.


Durante una conferencia de prensa, Trump afirmó que Rodríguez sostuvo una “larga conversación” con el secretario de Estado Marco Rubio y aseguró que, como nueva líder de facto, “aceptó hacer lo que Estados Unidos considere necesario”.
“Creo que fue bastante amable, pero realmente no tiene opción”, dijo Trump. “Está dispuesta a hacer lo que creemos necesario para hacer a Venezuela grande otra vez. Es muy simple”.
Sin embargo, pocas horas después, Rodríguez adoptó un tono radicalmente distinto. En una alocución televisada, condenó con dureza los ataques estadounidenses contra instalaciones militares venezolanas y exigió el retorno inmediato de Maduro, a quien calificó como el “presidente legítimo” del país.
“Nunca más seremos esclavos, nunca más seremos colonia de ningún imperio”, declaró, rodeada de altos funcionarios del gobierno chavista. “Estamos listos para defender a Venezuela”.
Ese giro dejó en evidencia la encrucijada que enfrenta ahora el régimen: desafiar abiertamente a Washington o colaborar con la administración Trump para conservar el poder. El destino de lo que queda del madurismo dependerá de cuál de esas rutas elija Rodríguez.
A sus 56 años, Rodríguez —abogada de formación— ha sido descrita por excolaboradores y funcionarios estadounidenses como ambiciosa, calculadora y profundamente maquiavélica. En la última década ocupó cargos clave mientras ascendía dentro del régimen autoritario. Su aliado más cercano ha sido su hermano, Jorge Rodríguez, psiquiatra de formación y actual presidente de la Asamblea Nacional. Ambos son considerados entre los lugartenientes más leales de Maduro.
“Son muy, muy manipuladores”, afirmó Andrés Izarra, exministro chavista que hoy vive en el exilio. “Creo que maniobrarán para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible”.
Trump, por su parte, prometió que bajo su tutela “los venezolanos se volverán ricos”, anunciando planes para que empresas estadounidenses tomen control del sector petrolero del país, que posee las mayores reservas de crudo del mundo.

Rodríguez también carga con una imagen pública controvertida. Es conocida por su gusto por artículos de lujo —bolsos y zapatos de diseñador—, un contraste que sus críticos utilizan para señalar su desconexión con la realidad de millones de venezolanos empobrecidos durante los años del madurismo.
Con Maduro fuera de escena y Washington apostando por una figura surgida del mismo sistema que dice querer desmontar, Venezuela entra en una fase marcada por la paradoja: un cambio de rostro que no garantiza un cambio de régimen. El futuro inmediato del país dependerá de si Delcy Rodríguez decide enfrentarse al poder que la colocó en el centro del escenario… o pactar con él para seguir gobernando.