Caracas, Venezuela – A más de 100 días del derrocamiento de Nicolás Maduro, el panorama político en Venezuela sigue siendo de una tensa transición. Este jueves, decenas de sindicalistas y trabajadores se movilizaron hasta la recién reactivada Embajada de Estados Unidos en Caracas para entregar un pliego de demandas que evidencia el sentimiento de una nación bajo tutela extranjera: exigen comicios libres y una respuesta inmediata a la crisis salarial.
Gratitud con exigencias Con banderas de Venezuela y Estados Unidos entrelazadas, los manifestantes reconocieron el papel de Washington en la salida del poder de Maduro capturado en enero durante una operación militar estadounidense, pero advirtieron que la intervención aún no se traduce en bienestar para el pueblo.
«Queremos dar las gracias al gobierno americano por habernos dado un poquito de aire para respirar, pero que terminen el trabajo», declaró el líder sindical Víctor Pereira a las puertas de la sede diplomática.
La presión sobre Delcy Rodríguez La movilización ocurre en un momento crítico para la gestión de Delcy Rodríguez, quien asumió el mando de forma transitoria tras la detención de Maduro. La oposición y los gremios denuncian que se ha cumplido el plazo constitucional de 90 días sin que se convoquen a elecciones por «ausencia absoluta» del mandatario, quien actualmente enfrenta un proceso por narcotráfico en Nueva York.
¿Tutelados pero sin beneficios? Los reclamos no solo son políticos; la economía sigue siendo el talón de Aquiles. Los trabajadores entregaron peticiones de:
Ajustes salariales urgentes ante la inflación persistente.
Liberación de presos políticos que aún permanecen en centros de reclusión.
Calendario electoral inmediato para legitimar el Poder Ejecutivo.
Para muchos de los presentes, la influencia del presidente Donald Trump sobre la administración de los recursos venezolanos, especialmente el petróleo y el oro, es una realidad innegable. «Venezuela está tutelada por Estados Unidos ahorita. Pero nosotros no estamos viendo nada del petróleo, ni del oro, ni de nada», lamentó Adriana Farnetano, una jubilada que participó en la concentración de unas 200 personas.
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas tras siete años de ruptura ha convertido a la embajada en el nuevo epicentro de las demandas sociales, reflejando una dinámica donde los ciudadanos acuden directamente al mediador internacional ante la parálisis del gobierno de transición.