El epílogo de la era Ozoria: La renuncia que sella un año de despojo de poder en la Iglesia dominicana

Janet Báez
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Santo Domingo. — La aceptación formal de la renuncia de monseñor Francisco Ozoria Acosta por parte del papa León XIV, este lunes 12 de octubre, no hizo más que poner el sello definitivo a un proceso de sucesión que en la práctica llevaba once meses ejecutándose tras bambalinas y en las naves de los templos de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

El retiro de Ozoria, al alcanzar los 75 años de edad reglamentarios establecidos por el Derecho Canónico, cierra un período de tirantez institucional iniciado en noviembre de 2025. En aquel momento, una controvertida carta firmada por el propio prelado reveló que la Santa Sede lo había despojado de sus facultades administrativas y de gobierno pastoral debido a alegadas irregularidades en el manejo económico de la diócesis.

Un arzobispo sin timón administrativo

Aunque Ozoria conservó el título honorífico de arzobispo metropolitano y sus responsabilidades como ordinario militar, el nombramiento de monseñor Carlos Tomás Morel Diplán como arzobispo coadjutor llegó condicionado por «Letras Apostólicas» con poderes extraordinarios.

El Vaticano traspasó a Morel Diplán el control absoluto sobre las finanzas, el patrimonio eclesiástico y la asignación del personal de la Iglesia, dejando a Ozoria al margen de las decisiones ejecutivas.

El propio Ozoria llegó a catalogar la intervención como una suspensión implícita bajo el argumento de «mala administración», expresando públicamente su malestar al señalar que el Vaticano solo le dejaba «el título», en una misiva donde afirmó haber sido víctima de acusaciones sin el debido proceso de amonestación previa.

El ascenso progresivo de Morel Diplán

A lo largo de 2026, la transición de mando se consolidó de manera visible ante la grey católica y los estamentos del Estado. Morel Diplán no solo asumió las riendas económicas, sino que tomó la representación institucional de la Iglesia primada:

Enero de 2026: Firmó la circular del Plan Pastoral del año y encabezó misas solemnes de organismos estatales como el Instituto Nacional de Migración.

Abril de 2026: Presidió la emblemática Misa Crismal del Jueves Santo en la Catedral Primada de América, rito central donde el clero renueva sus votos sagrados.

Mayo de 2026: Convocó a las festividades del Corpus Christi, relegando a Ozoria a liderar ceremonias en santuarios periféricos como el de Bayaguana.

Cierre de ciclo en la Santa Sede

Tras una breve audiencia privada en el Vaticano concedida por León XIV a finales de noviembre de 2025, el desenlace de la crisis quedó en suspenso hasta el cumplimiento de la edad del retiro arzobispal.

Con la aceptación de su renuncia, se concreta la sustitución plena en la conducción del arzobispado capitalino, dejando a Carlos Tomás Morel Diplán como el titular absoluto de la sede eclesiástica más antigua de América en una nueva etapa para la Iglesia católica dominicana.

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