WASHINGTON – En un movimiento que desafía la tendencia global hacia las energías limpias, el presidente Donald Trump fue condecorado este miércoles como el «campeón indiscutible del carbón». El reconocimiento, otorgado por el influyente Club del Carbón de Washington, no fue solo simbólico: el mandatario aprovechó el escenario para firmar una orden ejecutiva que obliga al Departamento de Defensa a comprar electricidad generada por plantas de carbón.
«Limpio y bonito»: El regreso triunfal de los fósiles
Durante la ceremonia en la Sala Este de la Casa Blanca, Trump recibió una estatuilla de un minero de manos de James Grech, CEO de Peabody Energy. En su discurso, el mandatario reafirmó su postura negacionista sobre el cambio climático y defendió el uso del mineral, al que califica habitualmente como un recurso «estratégico y confiable» para la seguridad nacional.
«Ya he salvado a 74 centrales eléctricas de carbón de restricciones y cierres», presumió Trump, lanzando además un dardo a la administración anterior de Joe Biden por la falta de permisos para nuevos proyectos mineros.
Ofensiva contra la energía eólica
El presidente no ahorró críticas hacia las energías renovables, atacando específicamente a la industria eólica:
Crítica a China: Arremetió contra los aerogeneradores, llamándolos «molinos de viento locos» y asegurando que son fabricados en China pero no utilizados por ese país.
Seguridad Nacional: Según la nueva orden ejecutiva, el carbón será ahora prioridad para el Pentágono, bajo el argumento de fortalecer la infraestructura energética de las fuerzas armadas.
Un giro radical en la política climática
Este evento marca un punto de inflexión tras el regreso de Trump al poder el año pasado. Con la salida de EE. UU. del Acuerdo de París ya consumada y el desmantelamiento de las políticas de energías limpias en marcha, el mandatario anunció que este jueves revocará el dictamen que clasifica a los gases de efecto invernadero como nocivos para la salud humana.