Washington D.C.-En un movimiento que promete sacudir los cimientos del sistema fiscal estadounidense, el presidente Donald Trump aprovechó su discurso sobre el Estado de la Unión 2026 para lanzar un órdago legislativo: sus nuevos aranceles del 10 % han llegado para quedarse, y asegura que no necesitará el permiso del Congreso para hacerlos permanentes.
El plan: Aranceles por Impuestos
La declaración más explosiva de la noche no fue solo el desafío a la autoridad legislativa, sino su visión a largo plazo. Trump argumentó que estos gravámenes aduaneros, pagados por países extranjeros, tienen como objetivo sustituir el moderno sistema de impuesto sobre la renta.
«Aliviarán una gran carga financiera a la gente que amo», afirmó el mandatario, sugiriendo un giro histórico hacia un modelo proteccionista que elimine la presión fiscal sobre las personas físicas.
Un choque de poderes: ¿Es legal el movimiento?
La confianza de Trump choca frontalmente con la realidad jurídica reciente. El pasado viernes, la Corte Suprema le propinó un duro golpe al dictaminar (6-3) que el presidente se excedió en sus funciones al aplicar aranceles recíprocos el año pasado sin aval del Capitolio.
Para esquivar este obstáculo, Trump ha invocado la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Sin embargo, existe un detalle técnico que el presidente parece omitir:
La trampa legal: Bajo esta norma, los gravámenes solo pueden mantenerse por 150 días a menos que el Congreso donde los republicanos tienen una mayoría mínima vote a favor de su permanencia.
Tensión en el Capitolio
Durante el discurso, el ambiente era eléctrico. Frente a un impasible John Roberts, presidente de la Corte Suprema, Trump calificó de «desafortunada» la sentencia del viernes, mientras reafirmaba su intención de elevar los aranceles incluso hasta un 15 % en los próximos días.
Este nuevo capítulo de la «guerra comercial» de Trump no solo redefine la relación de EE. UU. con sus socios comerciales, sino que plantea una batalla constitucional interna sobre quién tiene realmente la última palabra sobre la cartera de los estadounidenses.