Santo Domingo – A pesar del robusto crecimiento económico que ha caracterizado a la República Dominicana en los últimos años, el país se encuentra en un momento crítico. Según el primer Informe de Prosperidad IMD para América Latina y el Caribe, el dinamismo actual no garantiza por sí solo el bienestar a largo plazo, y advierte que el país podría quedar atrapado en el nivel medio de prosperidad (clasificación B2) si no ejecuta reformas estructurales simultáneas.
El concepto de la trampa del nivel medio La investigación, dirigida por el economista jefe del Centro de Competitividad Mundial (WCC), José Caballero, sitúa a la nación en una «trampa» común en la región: economías que logran crecer pero que no logran dar el salto cualitativo hacia la prosperidad sostenida debido a debilidades en su base gerencial y social.
Los tres pilares de la reforma necesaria Para romper este techo de cristal, el informe identifica tres cuellos de botella que deben ser atendidos de manera coherente y no aislada:

José Caballero, economista y autor del informe. (FUENTE EXTERNA)
Profundidad Financiera y Empresarial: Con una densidad de apenas 1.5 nuevas empresas por cada 1,000 personas, la economía dominicana está peligrosamente concentrada. Se requiere facilitar la formalización y profundizar los mercados de capitales para que las empresas puedan innovar y escalar.
Cierre de la Brecha Digital: La conectividad no es solo un lujo, sino una condición de productividad. Sin una infraestructura digital robusta, gran parte de la población queda excluida de los sectores de mayor valor agregado.
Inclusión Juvenil: El informe alerta sobre la exclusión de los jóvenes del mercado laboral formal. Esta situación merma la calidad del talento disponible y limita la demanda interna.
Riesgos estructurales: Deuda y Capital Humano Caballero advierte que el crecimiento dominicano, aunque real, es vulnerable. Entre los retos más urgentes figuran la presión fiscal donde el pago de intereses de la deuda limita la inversión pública en educación e infraestructura y una estructura productiva de bajo contenido tecnológico.
«La percepción ciudadana del crecimiento solo mejora cuando los avances económicos se traducen en movilidad social y mejores servicios. Si solo mejora el PIB pero no la inclusión, el crecimiento se siente lejano para la población», sentenció el investigador.