ZÚRICH. – La Federación de Fútbol de Noruega anunció que presentará una protesta formal ante la FIFA por la decisión que permitió al delantero estadounidense Folarin Balogun disputar un partido del Mundial 2026, pese a que inicialmente debía cumplir una suspensión por tarjeta roja.
La controversia surgió después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostuviera una conversación telefónica con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, poco antes de que el organismo revocara la sanción impuesta al atacante de la selección estadounidense.
Balogun había sido expulsado por una fuerte falta sobre un jugador de Bosnia y Herzegovina durante el partido disputado el 1 de julio en California. De acuerdo con el reglamento disciplinario de la FIFA, el delantero debía perderse el siguiente encuentro de Estados Unidos frente a Bélgica.


Sin embargo, tras una revisión del caso, la suspensión no fue aplicada y Balogun pudo participar en ese compromiso, una decisión que generó cuestionamientos en el ámbito internacional.
Dirigentes del fútbol noruego sostienen que el proceso careció de la transparencia necesaria y consideran que pudo existir influencia externa en la decisión.
«Todos sabemos que este veredicto estuvo influenciado por fuerzas externas y que no se siguió el debido proceso. Necesitamos que los líderes de la FIFA reconozcan que se cometió un error», señalaron representantes de la federación noruega.
A pesar de la presencia de Balogun en el terreno de juego, la selección de Estados Unidos cayó con claridad ante Bélgica. Posteriormente, el conjunto belga fue eliminado por España, que terminó conquistando el título de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Por su parte, Noruega quedó fuera del torneo tras perder un disputado partido de cuartos de final frente a Inglaterra.
El presidente Trump reconoció públicamente que se comunicó con Infantino para solicitar una explicación sobre la sanción aplicada al delantero estadounidense.
En respuesta a las críticas, Gianni Infantino aseguró que el caso fue revisado por los órganos judiciales independientes de la FIFA, los cuales determinaron que Balogun estaba habilitado para jugar, rechazando que la decisión hubiera estado influenciada por factores externos.
La controversia ha reabierto el debate sobre la independencia de los organismos disciplinarios del fútbol internacional y sobre la necesidad de preservar la imparcialidad en las decisiones durante las competiciones más importantes del deporte.