Ciudad de México.-La diplomacia entre México y Estados Unidos atraviesa un momento de alta presión. Tras una llamada telefónica este jueves, el canciller mexicano Juan Ramón de la Fuente y el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, admitieron que la estrategia actual es insuficiente: es «necesario hacer más» para frenar a los cárteles del narcotráfico.
El fin de la «paciencia» de Washington
A diferencia del tono diplomático de la cancillería mexicana, el Departamento de Estado de EE. UU. lanzó un mensaje contundente a través de su Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental. El gobierno estadounidense calificó como «inaceptable» el progreso gradual y exigió a la administración de Claudia Sheinbaum resultados «concretos y verificables» contra lo que denominan «redes narcoterroristas».
Este endurecimiento en el discurso ocurre mientras Donald Trump mantiene sobre la mesa su amenaza de lanzar ataques terrestres contra los grupos criminales en territorio mexicano, una postura que mantiene en alerta a la región pese a los intentos de Sheinbaum por descartar una intervención militar.
Fechas clave en la agenda de seguridad
Para intentar canalizar la tensión, ambos gobiernos fijaron una hoja de ruta crítica para las próximas semanas:
23 de enero: Reunión del Grupo de Implementación de Seguridad para definir acciones contra el fentanilo y el tráfico de armas.
Febrero: Cumbre Ministerial de Seguridad en Washington D.C., donde se evaluará si México ha cumplido con las expectativas de la nueva administración Trump.
Entre la seguridad y el Mundial
A pesar del roce por el narcotráfico, la presidenta Sheinbaum busca suavizar la relación apelando a otros puntos de interés común. Se espera que, tras la toma de posesión de Trump el próximo 20 de enero, ambos mandatarios puedan concretar una reunión presencial, con la organización del Mundial de Fútbol 2026 como uno de los pocos puentes de colaboración amigable en una agenda marcada por el conflicto fronterizo.