El presidente Trump asegura que a Nicolás Maduro se le está acabando el tiempo. Pero mientras buques de guerra estadounidenses se concentran frente a la costa de Venezuela y Washington intensifica un bloqueo parcial al petróleo, el atribulado hombre fuerte del país envía una señal muy distinta: que espera resistir y sobrevivir a la presión de Estados Unidos.
En las últimas semanas, el mandatario izquierdista de 63 años ha sido visto bailando en tarimas durante actos políticos, recorriendo con calma ferias comerciales y asistiendo a encendidos de árboles navideños tomado de la mano de su esposa. Ha animado a sus seguidores con remixes bailables y hasta ha ofrecido su propia versión de “Imagine” de John Lennon, todo mientras funcionarios de la administración Trump exigen que renuncie o enfrente las consecuencias.
“No se preocupen, sean felices”, dijo Maduro durante un acto en Caracas, luciendo un sombrero y haciendo la señal de la paz mientras cantaba el clásico de Bobby McFerrin.
Maduro y su círculo más cercano —quienes a lo largo de los años se han autodenominado revolucionarios— se muestran reacios a ceder el poder, en parte debido a las acusaciones penales presentadas por Estados Unidos y a las sanciones internacionales que enfrentan si abandonan el gobierno.
No es la primera vez que Maduro resiste una ofensiva de Washington. Ya había soportado los intentos del presidente Trump de sacarlo del poder durante la llamada campaña de “máxima presión” en 2019.