El gobierno brasileño califica de «injerencia indebida» el intento de Darren Beattie de reunirse con el expresidente condenado, en medio de una tensa carrera electoral.
RÍO DE JANEIRO – El clima diplomático entre Brasil y Estados Unidos ha alcanzado un nuevo punto de ebullición. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunció personalmente este viernes la prohibición de entrada al país de Darren Beattie, un alto funcionario de la administración de Donald Trump, quien pretendía visitar en la cárcel al exmandatario Jair Bolsonaro.
«Mentiras y omisiones» en la frontera
La tensión estalló cuando la cancillería brasileña detectó irregularidades en la solicitud de Beattie. Aunque originalmente se le concedió la visa para participar en un foro técnico sobre minerales en Sao Paulo, el verdadero propósito del viaje visitar a Bolsonaro en su celda de Brasilia fue omitido en los formularios oficiales.
«Le prohibí venir a Brasil», sentenció Lula durante un acto público en Río de Janeiro, respaldando la decisión de revocar el visado por «omisión de informaciones y mentiras».
El factor electoral: Octubre en la mira
La Corte Suprema de Brasil, bajo la firma del juez Alexandre de Moraes, bloqueó el encuentro tras las advertencias de la cancillería sobre una posible «injerencia indebida». Con las elecciones presidenciales de octubre a la vuelta de la esquina, el gobierno de Lula considera que la visita de un funcionario cercano a Trump a un líder preso por golpismo es un movimiento político calculado.
El panorama actual:
Bolsonaro: Cumple una condena de 27 años por el intento de golpe de Estado en 2022.
Elecciones 2026: El senador Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente) es el candidato de la derecha, y las encuestas muestran un empate técnico frente a la reelección de Lula.
Tensión con EE. UU.: La polémica coincide con las gestiones de Brasil para evitar que Washington designe a las facciones criminales PCC y Comando Vermelho como organizaciones terroristas.
Un choque de ideologías
Darren Beattie no es un funcionario cualquiera; es un consejero estratégico del Departamento de Estado de Trump conocido por su afinidad con el movimiento bolsonarista. Este choque subraya la polarización no solo interna de Brasil, sino su reflejo en las relaciones con la actual administración de derecha en los Estados Unidos.
Por ahora, la defensa de Bolsonaro ha visto frustrado su intento de internacionalizar la figura del expresidente desde la cárcel, mientras Lula refuerza su postura de soberanía nacional frente a lo que califica como «asuntos internos».