NUEVA YORK — Con los alquileres alcanzando niveles récord en la ciudad de Nueva York, cada vez más jóvenes profesionales están encontrando una alternativa inesperada para poder costear la vida en la Gran Manzana: vivir en residencias administradas por monjas.
Lo que para muchos podría parecer una opción poco común, se ha convertido en una solución práctica para quienes buscan seguridad, estabilidad y rentas asequibles en una de las ciudades más caras del mundo.
Katie Retting llegó a Nueva York con dos maletas, un nuevo empleo y sin un lugar donde vivir. Después de descubrir que los alquileres temporales amueblados en Manhattan superaban los 5,000 dólares mensuales, encontró una alternativa en una residencia religiosa ubicada en Chelsea.



Por alrededor de 1,650 dólares al mes, obtuvo una habitación amueblada, cenas calientes y un ambiente seguro. Más tarde se mudó a otra residencia administrada por religiosas en el Upper East Side, donde pagaba aproximadamente 1,200 dólares mensuales.
“Confío más en las monjas que en personas desconocidas encontradas en internet”, comentó la joven.
La situación refleja la crisis de vivienda que afecta a miles de residentes de Nueva York. Según datos recientes, el alquiler promedio solicitado en la ciudad alcanzó los 3,616 dólares mensuales durante el primer trimestre del año, un 20% más alto que antes de la pandemia.
Entre las residencias que todavía operan se encuentran St. Agnes Residence en el Upper West Side, con habitaciones desde unos 950 dólares al mes, y Centro Maria, en El Bronx, donde los costos rondan los 800 dólares mensuales.
La mayoría de estas residencias aceptan personas de diferentes creencias religiosas y no exigen prácticas religiosas obligatorias. Sin embargo, sí cuentan con reglas estrictas que incluyen horarios de llegada, restricciones para visitantes y normas de convivencia.
Muchas de estas casas fueron creadas hace más de un siglo para brindar refugio a jóvenes mujeres que llegaban solas a trabajar en Nueva York. Aunque decenas de estas instituciones existían en el pasado, muchas han cerrado debido al aumento de costos operativos, la disminución de órdenes religiosas y los efectos económicos de la pandemia.
Para Diana Janna Reyes Núñez, una joven de 26 años, Centro Maria se convirtió en un salvavidas luego del fallecimiento de su madre. La residencia le permitió acceder a una vivienda asequible con servicios incluidos mientras enfrentaba dificultades económicas.
Más allá del ahorro económico, varios residentes afirman que el apoyo emocional recibido por parte de las religiosas ha sido uno de los beneficios más importantes de la experiencia.
En una ciudad donde encontrar vivienda asequible se ha convertido en un desafío cada vez mayor, los conventos están ofreciendo una alternativa que combina bajos costos, sentido de comunidad y tranquilidad en medio de la crisis de alquileres.