Por: Sofía Hernández
En tiempos donde las redes sociales y la cultura del bienestar marcan tendencias, cada vez más personas adoptan hábitos alimenticios y rutinas saludables, sin embargo, detrás de esta búsqueda del “estilo de vida perfecto” se esconde un riesgo creciente: la ortorexia, un trastorno caracterizado por la obsesión enfermiza por comer sano.
La ortorexia término acuñado por el médico estadounidense Steven Bratman en 1997 no se centra en la cantidad de alimentos ingeridos, como ocurre con la anorexia o la bulimia, sino en la calidad, quienes la padecen dedican horas a planificar dietas, evitar alimentos considerados “tóxicos” y restringir de manera extrema productos que no cumplen con sus estándares de pureza.
Aunque no está reconocida oficialmente en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), diversos especialistas en nutrición y salud mental alertan que sus consecuencias son reales: ansiedad, aislamiento social, déficit nutricional y deterioro en la calidad de vida.
En países de Europa y América Latina, nutricionistas han observado un aumento de casos asociados a la influencia de las redes sociales, donde los llamados influencers del bienestar promueven dietas restrictivas y estereotipos de salud que no siempre cuentan con respaldo científico.
Actualmente, campañas de concienciación buscan visibilizar este fenómeno, promoviendo un equilibrio entre hábitos saludables y el disfrute de la comida sin culpa.
Expertos recomiendan prestar atención a señales como el miedo excesivo a comer fuera de casa, la culpa tras ingerir ciertos alimentos o la reducción drástica del repertorio alimentario.
La reflexión es clara: cuidar la salud es fundamental, pero obsesionarse con ella puede ser tan dañino como descuidarla.