WASHINGTON. – En un contexto marcado por la escalada militar contra Irán y la presión electoral en sus respectivos países, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sostuvieron este martes su primer encuentro bilateral en la Casa Blanca desde el inicio de las acciones bélicas conjuntas.
La reunión a puerta cerrada se extendió por casi noventa minutos y fue catalogada por la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, como un diálogo «positivo y productivo». Por su parte, Netanyahu calificó la conversación como «excelente» y de «plena colaboración», destacando la alineación estratégica para evitar que el régimen iraní desarrolle capacidad nuclear.
Tensiones operativas en la antesala del encuentro
Pese al tono conciliador posterior a la cumbre, la cita estuvo precedida por fricciones públicas. Horas antes del encuentro, el mandatario estadounidense expresó su malestar en declaraciones televisivas por la filtración de informes que sugerían que el líder israelí llevaría a la mesa datos de inteligencia sobre el emplazamiento militar iraní en Pickaxe Mountain.
Aunque Trump minimizó el alcance de las actividades detectadas en dicho sitio, reconoció abiertamente que existían puntos de discrepancia en el abordaje estratégico con Tel Aviv, si bien enfatizó que ambas naciones se mantienen estrechamente alineadas.
Coyuntura política y agenda regional
El diálogo se produce en un momento de alta sensibilidad política para ambos gobernantes. Mientras Netanyahu enfrenta un escenario electoral complejo en Israel en busca de la reelección, la administración estadounidense lidia con el impacto de la inflación y las repercusiones económicas del conflicto de cara a los comicios legislativos de noviembre.
Además de la crisis con Teherán, la agenda bilateral incluyó la revisión de los acuerdos marco referentes al conflicto en el Líbano y las iniciativas diplomáticas para ampliar el alcance de los Acuerdos de Abraham en Medio Oriente.