Estados Unidos.- Bajo una estrategia sin precedentes, Donald Trump ha trazado un nuevo mapa para la industria energética de Venezuela: un esquema de tutela donde la Casa Blanca, y no Caracas, decidirá qué empresas operan y cómo se reparte el dinero. En una reunión clave con gigantes como ExxonMobil, Shell y Repsol, Trump fue tajante: «Ustedes están negociando con nosotros directamente, no con Venezuela».
Este plan de «protectorado petrolero» surge tras la salida de Nicolás Maduro y la instauración del gobierno interino de Delcy Rodríguez. Para garantizar el éxito de esta transición, Washington ha desplegado un cerco naval que ya ha incautado cinco buques cargados de crudo. El objetivo es claro: erradicar el contrabando y gestionar los ingresos mediante cuentas controladas por el Departamento del Tesoro estadounidense, asegurando a las multinacionales la «seguridad total» que no tuvieron en décadas.