La ciudad de Nueva York se enfrenta a una encrucijada financiera que podría golpear directamente a los propietarios y residentes. El alcalde Zohran Mamdani presentó este martes un presupuesto preliminar de 127,000 millones de dólares con una advertencia clara: si no se aprueban nuevos gravámenes para los millonarios, la ciudad deberá aplicar un aumento del 9.5 % en los impuestos a la propiedad.
Los dos caminos de Mamdani
Para cubrir un déficit de 5,400 millones de dólares proyectado para los próximos dos años, el alcalde plantea un dilema político y social:
La ruta preferida: Aumentar el impuesto sobre la renta a quienes ganan más de un millón de dólares anuales y a las corporaciones más rentables.
El «peor escenario»: De no lograr lo anterior, se vería obligado a subir el impuesto a la propiedad y «saquear» las reservas de la ciudad, una medida que, según Mamdani, recaerá sobre la clase media y trabajadora.
El choque con Albany
La propuesta ha encendido las alarmas en el ámbito político. La gobernadora del estado, Kathy Hochul, ya ha manifestado su rotundo rechazo a gravar más a los más ricos. Por otro lado, el contralor de la ciudad, Mark Levine, calificó de «nefastas» las consecuencias de depender de un aumento impositivo y de vaciar los fondos de reserva destinados a la salud de los jubilados.
¿Qué está en juego?
El presupuesto también contempla extraer casi 1,000 millones de dólares de las reservas de emergencia, una maniobra que no se veía en tal magnitud desde crisis pasadas como la de 2008 o la pandemia.
«Aumentar los impuestos a la propiedad debilitará nuestra base fiscal a largo plazo y hará recaer la crisis sobre los neoyorquinos de clase trabajadora», sentenció el alcalde de tendencia socialista.