Jhon Ratcliffe realizó una visita oficial a Havana para sostener reuniones con altos funcionarios del gobierno cubano, en un momento marcado por la grave crisis económica y energética que afecta a la isla, así como por el aumento de las tensiones diplomáticas entre United States y Cuba.
La reunión fue confirmada por autoridades cubanas, quienes señalaron que el encuentro se realizó a solicitud de Estados Unidos. Ratcliffe sostuvo conversaciones con representantes del Ministerio del Interior y de los servicios de inteligencia cubanos, en medio de un escenario de apagones, escasez de combustible y crecientes protestas sociales registradas en varias ciudades del país.
Según funcionarios estadounidenses, el director de la CIA transmitió un mensaje de la administración del presidente Donald Trump indicando que Cuba necesita implementar “cambios fundamentales” para mejorar las relaciones con Washington y abrir nuevas vías de cooperación en temas económicos y de seguridad.
De acuerdo con reportes divulgados por medios internacionales, Ratcliffe advirtió que el gobierno cubano enfrenta una “ventana limitada” para estabilizar la economía de la isla y buscar entendimientos con la Casa Blanca antes de que aumente la presión política y económica desde Estados Unidos.
El funcionario estadounidense también habría insistido en la necesidad de liberar presos políticos y avanzar hacia una mayor apertura económica dentro del sistema cubano, actualmente controlado de manera centralizada por el Estado.
En las conversaciones participó además Raúl Guillermo Rodríguez Castro, considerado una de las figuras más influyentes dentro del aparato de seguridad cubano y cercano al expresidente Raúl Castro.
Fotografías divulgadas por la CIA mostraron a funcionarios estadounidenses y cubanos reunidos alrededor de una larga mesa decorada con flores rojas y blancas, en una imagen poco común dentro de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
La visita ocurre meses después de que el presidente Trump declarara a Cuba como una “amenaza extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos y aumentara las sanciones contra el gobierno de La Habana.
Por su parte, el gobierno cubano reiteró durante el encuentro que Cuba no representa una amenaza para Estados Unidos y rechazó nuevamente su inclusión en la lista de países patrocinadores del terrorismo.
Analistas internacionales consideran que la reunión representa uno de los contactos de más alto nivel entre Washington y La Habana en los últimos años, en medio de un panorama regional marcado por tensiones políticas, migración y dificultades económicas en el Caribe y América Latina.