¿De qué vale una Casa del Periodista majestuosa si sus periodistas no tienen dónde vivir ni cómo enfrentar sus enfermedades?

Janet Báez
4 Min Read

Un llamado a la reflexión al presidente Luis Abinader y al presidente del Colegio Dominicano de Periodistas, Luis Pérez
La remodelación de la Casa del Periodista, con una inversión anunciada de 66 millones de pesos, puede representar una importante mejora para la infraestructura y las actividades del gremio. Sin embargo, ante esta realidad surge una pregunta que merece ser escuchada y respondida: ¿no ha llegado también el momento de mirar hacia aquellos periodistas que, después de dedicar gran parte de sus vidas al ejercicio de esta profesión, hoy enfrentan enfermedades catastróficas, limitaciones económicas y situaciones de extrema vulnerabilidad?

El presidente de la República, Luis Abinader, y el presidente del Colegio Dominicano de Periodistas, Luis Pérez, tienen en sus manos la oportunidad de hacer que esta inversión trascienda las paredes de un edificio y se convierta también en una expresión concreta de solidaridad con cientos de profesionales de la comunicación que hoy necesitan ayuda.

Porque una institución gremial no puede medir su grandeza únicamente por la belleza de su sede. Su verdadera grandeza está en la capacidad de proteger y acompañar a sus miembros cuando más lo necesitan.

Por eso, respetuosamente, hacemos un llamado a ambos presidentes para que recapaciten y contemplen, dentro de las prioridades del gremio, un programa especial de pensiones y asistencia para periodistas afectados por enfermedades catastróficas, así como para aquellos que, por edad, discapacidad o precariedad económica, ya no pueden sostener dignamente sus hogares.

No se trata de oponerse a la remodelación de la Casa del Periodista. Se trata de establecer prioridades humanas. Se trata de preguntarnos si, en medio de una inversión de 66 millones de pesos, no es posible encontrar mecanismos para garantizar que quienes han informado, denunciado, investigado y defendido durante décadas los intereses de la sociedad dominicana puedan recibir un respaldo digno cuando la enfermedad toca sus puertas.

¿De qué vale una casa hermosa si quienes deberían disfrutarla están postrados en una cama, luchando contra el cáncer, insuficiencia renal u otras enfermedades catastróficas, sin recursos para costear sus tratamientos?

Una Casa del Periodista debe ser mucho más que un espacio para celebrar actos, reuniones, encuentros y actividades sociales. Debe ser también una casa que abrace, proteja y tienda la mano a sus miembros.

No podemos esperar que nuestros compañeros mueran para reconocer sus méritos. La solidaridad debe llegar cuando todavía están aquí para recibirla.

Y vale recordar una verdad tan sencilla como dolorosa: desde el más allá no se puede asistir a fiestas, reuniones ni actividades gremiales.

Por eso, este llamado no pretende dividir, sino provocar una reflexión. Que esos 66 millones de pesos no sean recordados únicamente como la inversión que hizo más hermosa una edificación, sino también como el punto de partida de una política que devuelva esperanza y dignidad a los periodistas que hoy enfrentan las circunstancias más difíciles de sus vidas.

La Casa del Periodista puede tener paredes nuevas, salones modernos y una imagen majestuosa. Pero su mayor obra será siempre cuidar a sus periodistas.

Presidente Luis Abinader, presidente Luis Pérez: todavía estamos a tiempo de pensar primero en la gente.

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