El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano tildó la medida del régimen nicaragüense como una violación democrática, desencadenando una agria respuesta oficial de la Cancillería del país centroamericano.
Las relaciones bilaterales entre la República Dominicana y Nicaragua atraviesan un momento de alta fricción diplomática. La controversia se originó tras la postura oficial fijada por el Gobierno dominicano ante el anuncio del mandatario nicaragüense, Daniel Ortega, de cancelar los procesos electorales en su país de manera definitiva.
A través del Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex), el Estado dominicano emitió un rechazo categórico a la resolución del régimen de Managua, advirtiendo que la decisión atenta de forma directa contra el derecho de la ciudadanía nicaragüense a elegir sus autoridades e incumple los compromisos suscritos en la Carta Democrática Interamericana. En su comunicado, la Cancillería dominicana instó a rectificar dicha medida y restablecer las garantías para el ejercicio de comicios transparentes y competitivos.
La réplica del régimen de Managua
La reacción de la Cancillería nicaragüense no se hizo esperar. En un documento oficial con fuerte carga retórica titulado “Los sonidos del silencio, el barullo de la indignidad”, el Gobierno de Ortega arremetió contra las autoridades dominicanas, calificándolas de «voces vasallas» y evitando abordar los argumentos de fondo sobre la cancelación de los comicios.
El texto oficial nicaragüense apeló a pasajes de la historia compartida, haciendo mención a la figura del patriota dominicano Gregorio Urbano Gilbert —reconocido por su participación en la gesta de Augusto C. Sandino contra la intervención estadounidense— para contrastar la historia del pueblo dominicano con la postura actual de sus autoridades.
Un conflicto en el escenario regional
El cruce de declaraciones se enmarca en un contexto internacional de creciente preocupación de varios Gobiernos e instituciones multilaterales ante la deriva institucional en Nicaragua. La postura dominicana reafirma el alineamiento del país con los principios de la diplomacia regional en defensa de la democracia, mientras Managua responde descalificando los cuestionamientos externos sin ofrecer explicaciones sobre el futuro del sistema político en su territorio.