Ciudad Carpita: El drama y la resiliencia de los 21,000 desplazados por los terremotos en Venezuela

Janet Báez
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Entre la resignación y la esperanza, miles de familias se organizan en refugios improvisados en La Guaira tras los devastadores sismos de junio.

La Guaira, Venezuela.«Bienvenidos a Ciudad Carpita», reza un letrero improvisado junto al tricolor venezolano en la entrada de un campamento de damnificados en Mare Abajo. Es la nueva e inesperada realidad para miles de ciudadanos tras los potentes sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron al país el pasado 24 de junio, dejando un trágico saldo de casi 5,000 fallecidos y borrando del mapa vecindarios enteros.

Hoy, la playa de La Guaira se ha transformado en un laberinto de lonas y tiendas de campaña. Casi 21,000 personas afectadas viven actualmente en campamentos distribuidos entre Caracas y este estado costero, la zona cero del desastre.

Comunidad en la intemperie: Cocinas comunitarias y resiliencia

A pesar del dolor por la pérdida de familiares y de sus hogares, los refugiados intentan estructurar una rutina dentro del caos. En las hileras de carpas, las tareas domésticas se realizan al aire libre bajo el inclemente sol caribeño:

Logística básica: Las familias comparten neveras y cocinan en grandes ollas comunes utilizando bombonas de gas. El ingenio popular se evidencia en el alquiler de lavadoras portátiles por cinco dólares la tanda.

Servicios precarios: La electricidad depende de conexiones improvisadas a postes del alumbrado público que fallan constantemente, mientras que el suministro de agua se reduce al paso diario de un camión cisterna estatal.

Alerta sanitaria: Las autoridades han desplegado hospitales de campaña para mitigar brotes de enfermedades respiratorias e intestinales, latentes debido a la escasez crónica de baños portátiles y agua limpia.

«Tenemos que salir adelante, tenemos que agradecer que tenemos una oportunidad. Pero con un propósito hacia adelante, mente clara, continuar la vida y ayudar a los que nos quedan», relata Hengelbert Bello, de 38 años, quien pasó de habitar un apartamento en el complejo Gran Cacique Mare Abajo a dormir sobre la arena.

«Muchos sueños se quedaron aquí»

El paisaje urbano de La Guaira es devastador. Al menos 185 edificaciones colapsaron por completo y cerca de 900 presentan daños estructurales severos. Torres de apartamentos construidas hace años se partieron literalmente en dos o se desplazaron centímetros de sus bases.

Para sobrevivientes como Ramón González, un barbero de 42 años que ahora comparte su carpa con su esposa, sus cuatro hijos y dos ancianos desamparados, volver a mirar los escombros es una tortura emocional. Recuerda con dolor a una adolescente vecina que falleció el día del sismo, justo antes de celebrar sus 15 años.

A pesar de la magnitud de la tragedia y la certeza de que la promesa estatal de reubicación habitacional será un proceso largo, el espíritu de los damnificados se mantiene firme en la espera. «Hemos sobrevivido a muchas cosas», afirma González. «Esperaré el tiempo que sea necesario para recuperar mi casa».

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