NUEVA YORK.– Mientras una intensa ola de calor mantiene bajo alerta a la ciudad de Nueva York, con temperaturas cercanas a los 100 grados Fahrenheit (38 °C), los efectos del clima extremo no se sienten de la misma manera en todos los vecindarios. En comunidades como Jamaica, Queens, la falta de árboles, parques con abundante vegetación y espacios con aire acondicionado convierte el calor en una amenaza aún mayor para la salud de sus residentes.
En un pequeño parque ubicado junto a la autopista Van Wyck Expressway, la madre Christina Charlie buscaba refugio del sol junto a su hija de seis años bajo la escasa sombra que ofrecía un área de juegos infantiles. Con una pistola de agua intentaba refrescar a la niña y a sí misma, una escena que refleja la difícil realidad que enfrentan cientos de familias durante las altas temperaturas.

Especialistas en salud pública consideran a Jamaica una de las aproximadamente tres docenas de comunidades de la ciudad catalogadas como extremadamente vulnerables al calor. Estas zonas presentan una marcada escasez de árboles y áreas verdes, aceras poco sombreadas y un acceso limitado a bibliotecas, centros comunitarios u otros espacios públicos con aire acondicionado donde los residentes puedan protegerse del calor extremo.
A estas condiciones se suma un importante factor socioeconómico. Muchas de las comunidades más afectadas también registran altos índices de pobreza, lo que dificulta que numerosas familias puedan costear el uso constante de sistemas de aire acondicionado o trasladarse a lugares donde las temperaturas sean más tolerables.
«Sabemos que el calor extremo es el fenómeno meteorológico más mortal relacionado con el clima en la ciudad de Nueva York», afirmó Jeremy Edwards, portavoz del alcalde Zohran Mamdani. El funcionario aseguró que la administración municipal continuará utilizando todos los recursos disponibles para proteger a los residentes y garantizar que las comunidades más vulnerables tengan acceso a medidas de prevención y alivio durante la emergencia climática.

Por su parte, Carolyn Olson, comisionada adjunta de Vigilancia Ambiental y Políticas del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York, explicó que el riesgo para la población no depende únicamente de la temperatura registrada por los termómetros.
«El riesgo por calor no se trata solo de cuántos grados hace, sino del acceso que tienen las personas a lugares donde puedan refrescarse», señaló la especialista, al advertir que la ausencia de espacios seguros con aire acondicionado incrementa considerablemente el peligro de enfermedades relacionadas con el calor.
Las autoridades continúan exhortando a la población, especialmente a adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas, a mantenerse hidratados, evitar la exposición prolongada al sol durante las horas de mayor intensidad y acudir a los centros de enfriamiento habilitados en distintos puntos de la ciudad.
La situación en Jamaica pone de manifiesto cómo el cambio climático y las desigualdades urbanas pueden combinarse para agravar los efectos de las olas de calor, convirtiendo a algunos vecindarios en verdaderos «puntos críticos» donde las altas temperaturas representan un riesgo permanente para la salud y la calidad de vida de sus habitantes.