No quiero morir en un refugio: El drama de los ancianos atrapados en el limbo tras el sismo de Venezuela

Janet Báez
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Emilia Rada, de 73 años, refleja la desesperanza de miles de damnificados en La Guaira. A una semana del doble terremoto, familias enteras sobreviven en polideportivos sin saber si alguna vez recuperarán sus hogares.

La Guaira, Venezuela. – Sentada en la orilla de una litera, con la mirada perdida entre el bullicio de cientos de personas que lo perdieron todo, Emilia Rada resume el dolor más profundo de la tragedia. «No quiero terminar los años que me quedan en un refugio», confiesa con la voz entrecortada esta mujer de 73 años. Como ella, centenares de sobrevivientes completan una semana hacinados en el Polideportivo José María Vargas, convertido hoy en el epicentro del desamparo en la «zona cero» del desastre.

El complejo deportivo, ubicado en el golpeado estado costero de La Guaira, fue transformado de emergencia en un macroalbergue gestionado por varias agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Allí, el drama humano se mide en la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.

Una vejez rota por la naturaleza

Para los adultos mayores como Emilia, el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudió al país el pasado 24 de junio no solo derribó paredes de concreto; destruyó el esfuerzo de toda una vida. La Guaira, una de las regiones más devastadas por el sismo, se ha quedado sin viviendas seguras para miles de sus habitantes.

Aunque los refugios temporales proveen techo, colchonetas y asistencia básica de emergencia, el verdadero enemigo de los damnificados es el tiempo. Los precedentes de crisis habitacionales anteriores en el país siembran el temor de que estos polideportivos dejen de ser un auxilio temporal para convertirse en una residencia permanente durante años.

Entre la resignación y la falta de respuestas

Hasta el momento, las familias refugiadas conviven bajo un manto de preguntas sin respuesta: ¿Sus casas dañadas podrán ser reparadas? ¿El Gobierno ejecutará un plan real de reubicación? ¿Cuándo podrán salir de las canchas deportivas?

Mientras las agencias internacionales intentan mitigar el cúmulo de necesidades que van desde la falta de agua potable hasta la atención médica psicológica, testimonios como el de Emilia recuerdan que detrás de las frías estadísticas de daños y muertes, late una crisis humanitaria invisible: el quiebre emocional de una generación que teme pasar sus últimos días bajo el techo prestado de un refugio.

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