La crisis energética en Cuba alcanza niveles alarmantes. Para este viernes, las autoridades prevén que el mayor apagón de la jornada deje simultáneamente sin electricidad al 65 % del territorio nacional. Con un Sistema Electroenergético Nacional (SEN) calificado oficialmente como «crítico», los 9.7 millones de habitantes de la isla apenas contarán, en promedio, con un par de horas de luz al día.
El panorama para el horario pico (tarde-noche) es complejo: la Unión Eléctrica (UNE) estima una demanda máxima de 3,050 megavatios (MW) frente a una capacidad de generación de apenas 1,090 MW. Esto se traduce en un déficit de 1,960 MW, obligando a una desconexión programada de 1,990 MW para evitar un colapso desordenado de la red.
Averías crónicas y el impacto del bloqueo petrolero
La situación actual es el resultado de una tormenta perfecta entre el deterioro de la infraestructura y las presiones externas:
Infraestructura obsoleta: La termoeléctrica Antonio Guiteras, la principal central del país, sufrió una nueva avería, sumando 5 fallos en las últimas cinco semanas y 11 en lo que va del año. En total, 7 de las 16 unidades de generación del país están fuera de servicio por mantenimiento o roturas.
Asedio energético: Desde enero, el endurecimiento del bloqueo petrolero por parte de EE. UU. ha frenado en seco la importación de diésel y fueloil. Esto ha paralizado los motores de generación, responsables del 40 % del mix energético cubano.
Déficit de crudo: Cuba necesita unos 100,000 barriles de petróleo diarios para subsistir, pero su producción nacional apenas cubre 40,000.
La parálisis casi total de la economía y la falta de suministro han avivado el descontento social, detonando cacerolazos, quemas de basura y protestas pacíficas en las calles, especialmente en La Habana.
La búsqueda de alternativas endógenas
Ante la falta de combustible importado, el Gobierno cubano intenta exprimir sus propios recursos. Esta semana las autoridades anunciaron un hito: se logró refinar por primera vez en el país unas 20,000 toneladas de crudo nacional. Aunque se trata de un petróleo especialmente pesado y complejo de procesar, representa el principal salvavidas interno frente al asedio financiero y comercial de Washington.