La paradoja del éxodo en América Latina: crece el deseo de emigrar mientras el rechazo al inmigrante divide a la región

Janet Báez
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MONTEVIDEO – América Latina atraviesa una contradicción social sin precedentes. Según el reciente Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026 del PNUD, el deseo de los ciudadanos por abandonar sus países ha alcanzado niveles récord, al mismo tiempo que se endurece la resistencia a recibir a migrantes de naciones vecinas.

El estudio revela que uno de cada tres latinoamericanos (32%) planea emigrar en los próximos tres años, una cifra que ha crecido un 11% desde 2004. Sin embargo, la otra cara de la moneda muestra una región fracturada: el 51.4% de la población considera perjudicial la llegada de extranjeros, alimentando un ciclo de polarización que pone en jaque la estabilidad democrática del continente.

Haití, Jamaica y Surinam: el foco del éxodo La intención de salida no es uniforme. Mientras la media regional se sitúa en el 32%, en Haití la cifra es dramática, con un 74.6% de la población queriendo marcharse. Le siguen Jamaica (54.3%) y Surinam (45.7%). El PNUD vincula este fenómeno directamente con el desencanto institucional y la percepción de que la democracia no está resolviendo los problemas económicos básicos.

Del sueño americano al destino intrarregional Históricamente, el flujo migratorio apuntaba hacia Estados Unidos y Europa. No obstante, las políticas restrictivas aplicadas desde 2025 y el aumento de las deportaciones han obligado a una reconfiguración de las rutas.

La migración intrarregional se ha cuadruplicado en las últimas tres décadas: de 3.7 millones en 1990 a 14 millones de personas en 2024. Este crecimiento, impulsado en gran medida por la crisis en Venezuela, ha generado que los países vecinos se conviertan en los nuevos receptores, provocando una reacción social negativa que, según el informe, es utilizada por discursos políticos para criminalizar al migrante bajo la lógica de «nosotros contra ellos».

El informe concluye que la movilidad humana es hoy el mejor termómetro de las fracturas sociales en América Latina, advirtiendo que sin una mejora en la calidad democrática y la satisfacción económica, el flujo humano seguirá creciendo pese a las barreras sociales y políticas.

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