Miami . – En una noche donde la lógica quedó fuera de la duela, los Miami Heat (22-20) protagonizaron la gran sorpresa de la jornada al vencer 122-120 a los poderosos Oklahoma City Thunder (35-8). El Kaseya Center fue testigo de cómo el equipo de Erik Spoelstra cortó la racha de cinco victorias consecutivas de los actuales monarcas de la NBA.
Wiggins se viste de héroe ante su antiguo equipo
El partido se definió en un último minuto no apto para cardíacos. Con el marcador en contra, Andrew Wiggins tomó la responsabilidad y encestó un triple letal a falta de 32 segundos que puso a Miami al frente.
Oklahoma tuvo el triunfo en sus manos, pero la suerte le dio la espalda: primero con un fallo inverosímil de Chet Holmgren bajo el aro y, finalmente, con un triple errado por el especialista Alex Caruso justo al sonar la bocina.
Corazón sobre puntería: El dominio en el rebote
Lo más asombroso de la victoria de los Heat fue cómo lo lograron. A pesar de registrar un pobre 36.9% en tiros de campo frente al brillante 54.5% de los Thunder, Miami compensó su falta de puntería con puro esfuerzo físico.
La clave estuvo en la pintura: Miami aplastó a OKC en rebotes ofensivos (21-5), lo que se tradujo en 33 puntos de segunda oportunidad. Esa hambre por el balón suelto permitió que los locales sobrevivieran al asedio de un Shai Gilgeous-Alexander que estuvo imparable con 39 puntos.
Los pilares del triunfo
Sin Tyler Herro ni Jaime Jáquez Jr., el peso del equipo recayó en:
Bam Adebayo: Una fuerza dominante con 30 puntos y 12 rebotes.
Pelle Larsson: El novato sensación que aportó 16 puntos, 8 de ellos cruciales en el último cuarto.
Norman Powell: Cumplió con 19 unidades para mantener el ritmo anotador.
Por los Thunder, Shai se sintió demasiado solo en la recta final, pese al apoyo de Aaron Wiggins (18 puntos) y Holmgren (14 tantos, 10 rebotes).
Con este triunfo, Miami demuestra que, independientemente de las bajas y los porcentajes, su cultura de juego físico sigue siendo capaz de tumbar a cualquier gigante de la liga. EFE- Hugo Barcia