WASHINGTON — Dos sobrevivientes de un ataque letal realizado por fuerzas militares de Estados Unidos el 2 de septiembre en el Caribe lucharon durante casi una hora para voltear los restos de su embarcación volcada y agitaron los brazos pidiendo ayuda mientras una aeronave estadounidense sobrevolaba la zona, según legisladores y funcionarios informados sobre el incidente.
Los hechos fueron observados en tiempo real desde el centro de mando en Fort Bragg, Carolina del Norte, donde el contralmirante de la Marina Frank Bradley monitoreaba la operación. Durante la transmisión en vivo, Bradley ordenó un segundo ataque contra la embarcación sospechosa de narcotráfico, una decisión que ahora genera fuertes cuestionamientos sobre si la acción pudo constituir un crimen de guerra, de acuerdo con múltiples informes presentados al Congreso.
Los detalles del video fueron descritos por legisladores que participaron en sesiones informativas privadas con Bradley en el Capitolio. Algunos congresistas afirmaron que los dos sobrevivientes parecían completamente indefensos, sin armas ni equipos de comunicación, y que sus gestos parecían ser una clara petición de auxilio al ver pasar la aeronave estadounidense.
Sin embargo, funcionarios de la administración Trump y varios legisladores republicanos defendieron el segundo ataque, argumentando que los sobrevivientes todavía podían intentar completar su misión de narcotráfico y constituir un riesgo para eventuales rescatistas. Bradley sostuvo que interpretó el gesto de los hombres como una posible señal para atraer a otros cómplices, aunque un dron militar no detectó ninguna embarcación cercana que pudiera apoyar esa hipótesis.
El senador republicano Tom Cotton, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, justificó la acción militar afirmando:
“La única razón por la que estos narco-terroristas no voltearon su bote para continuar su misión es porque nuestro ejército no les dio la oportunidad.”
De acuerdo con personas familiarizadas con los informes, Bradley aseguró al Congreso que creía que la parte delantera de la embarcación —del tamaño aproximado de una mesa— podía contener paquetes de droga sumergidos, lo que justificaría su destrucción. No obstante, ningún paquete de drogas es visible en el video, según los legisladores que ya lo han visto.
La controversia ha aumentado la presión sobre el presidente Trump para que autorice la publicación del video completo y sin editar del operativo. El mandatario dijo esta semana que apoyaría su divulgación. El Pentágono y la Casa Blanca se encuentran evaluando la solicitud, aunque hasta ahora no existe una fecha definida para su posible liberación.
Desde ese primer ataque, Estados Unidos ha expandido la campaña militar a lo largo del Caribe y hacia el Pacífico oriental, hundiendo otras 20 embarcaciones y provocando la muerte de al menos 87 personas, según funcionarios informados sobre la operación. La magnitud de las acciones ha intensificado el debate en Washington sobre la legalidad, proporcionalidad y transparencia de esta misión.
La creciente preocupación entre legisladores y expertos en derecho internacional sugiere que este caso podría convertirse en uno de los episodios más controvertidos en la reciente estrategia militar estadounidense en la región.