Hegseth pidió la renuncia del almirante Alvin Holsey tras meses de desacuerdos internos sobre operaciones militares en el Caribe

Claudio Abreu
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FUENTE EXTERNA

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Peter Hegseth, sorprendió a Washington a mediados de octubre al anunciar que el almirante de cuatro estrellas Alvin Holsey, jefe de las operaciones militares estadounidenses en el Caribe, se retiraría menos de un año después de asumir el cargo. Sin embargo, fuentes del Pentágono revelaron que Hegseth le pidió directamente que renunciara, en lo que constituye una destitución de facto tras meses de tensiones internas.

Según exfuncionarios familiarizados con las discusiones, el conflicto comenzó pocos días después de la inauguración del presidente Donald Trump en enero. La relación entre Hegseth y Holsey se deterioró aún más cuando el almirante manifestó preocupaciones sobre la legalidad de los ataques militares contra presuntas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe. Holsey cuestionó la autoridad jurídica poco clara de estas operaciones, especialmente al involucrar unidades bajo cadenas de mando separadas, incluyendo fuerzas de operaciones especiales. Argumentó que parte de las acciones se llevaban a cabo fuera de su control directo, lo que generó fuertes desacuerdos internos.

Aunque estas objeciones intensificaron el conflicto, funcionarios estadounidenses aseguran que Hegseth ya había perdido la confianza en Holsey desde antes del inicio de la campaña de ataques. Para finales del verano, la decisión de reemplazarlo estaba tomada, lo que llevó al anuncio público de su retiro.

La salida abrupta de Holsey ha generado preocupación en círculos militares y legislativos. El congresista Adam Smith, principal demócrata del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, cuestionó la decisión y afirmó:

“Jamás, en mis más de 20 años en el comité, recuerdo haber visto a un comandante combatiente abandonar su cargo tan temprano y en medio de tanta turbulencia.”

La revelación de que Holsey fue presionado a renunciar arroja nueva luz sobre la creciente controversia que rodea la legalidad de la campaña militar en el Caribe, y plantea interrogantes sobre si las objeciones y advertencias de los propios oficiales están siendo escuchadas dentro del Departamento de Defensa.

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