Por: Sofía Hernández
En pleno 2025, el mundo enfrenta una paradoja alarmante: mientras la ciencia ha desarrollado vacunas eficaces para prevenir enfermedades mortales, las tasas de vacunación en muchos países están disminuyendo, y con ellas, resurgen enfermedades que creíamos controladas. El caso más reciente lo protagoniza Estados Unidos, donde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirmaron más de 1,200 casos de sarampión en lo que va del año. Tres niños han muerto. La cifra más alta desde 1992.
¿Qué está pasando? ¿Por qué una sociedad con acceso a la medicina moderna está perdiendo una batalla que ya había ganado?
Las vacunas son uno de los avances médicos más efectivos de la historia. Estimulan al sistema inmunológico para que produzca defensas (anticuerpos) contra virus o bacterias, sin que la persona tenga que enfermarse primero. Gracias a ellas, enfermedades como la viruela fueron erradicadas, y otras como la poliomielitis o el tétanos han sido reducidas a mínimos históricos.
«Una vacuna no solo protege al que la recibe, sino a toda la comunidad», explica la doctora Claudia Romero, pediatra y especialista en salud pública. «Es lo que conocemos como inmunidad colectiva. Si suficientes personas están vacunadas, el virus no encuentra a quién contagiar y se extingue».
Consecuencias de no vacunarse
El resurgimiento del sarampión es solo un ejemplo. En varios países de África y Asia también se han registrado rebrotes de polio y difteria. La Organización Mundial de la Salud advierte que la desinformación, las teorías conspirativas en redes sociales y el acceso desigual a servicios de salud están debilitando décadas de progreso.
«Mi hija estuvo en coma por sarampión, algo que pensé que solo pasaba en libros de historia», comparte Lucía Morales, madre latina en Texas. Su familia había retrasado la vacunación por temor a supuestos efectos secundarios que circulaban en internet. «Ahora entiendo que el verdadero riesgo era no vacunarla».
Vacunarse no es solo una decisión individual, es un acto de responsabilidad social, cuando una persona rechaza una vacuna, no solo pone en peligro su salud, sino también la de personas inmunocomprometidas, adultos mayores y bebés que aún no pueden vacunarse.
La mejor defensa que tenemos sigue siendo la vacunación, no se trata de miedo, se trata de prevención, solidaridad y ciencia, hoy más que nunca, vacunarse es un acto de amor: por ti, por tus hijos y por la comunidad entera.