Davos, Suiza — Cuando el presidente Donald Trump llegó el miércoles por la tarde a los Alpes suizos cubiertos de nieve, líderes europeos temían que su intento de adquirir Groenlandia desencadenara una grave crisis transatlántica. Sin embargo, para cuando cayó el sol, Trump dio marcha atrás.
El abrupto cambio se produjo tras varios días de conversaciones discretas entre Trump, sus asesores y dirigentes europeos, entre ellos el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el canciller alemán Friedrich Merz, según personas cercanas a las negociaciones. Los europeos, unidos en su oposición a una eventual adquisición de Groenlandia por parte de Washington, combinaron incentivos —como el refuerzo de la seguridad en el Ártico— con advertencias sobre una ruptura profunda dentro de la alianza atlántica.
Tras una reunión con Rutte el miércoles, Trump retiró la amenaza de imponer aranceles a países europeos, alegando que se había establecido un marco para un futuro acuerdo relacionado con la isla más grande del mundo. No obstante, en un discurso previo ese mismo día, el mandatario lanzó duras críticas a aliados históricos de Estados Unidos: reprendió a Dinamarca por considerarla “desagradecida”, afirmó que Suiza “no existiría” sin el apoyo estadounidense y se burló del presidente francés Emmanuel Macron por llevar gafas de aviador en el evento.
Pese al tono confrontacional, Trump también buscó desescalar la tensión y pidió negociaciones inmediatas para discutir la propuesta estadounidense sobre Groenlandia. “No tengo que usar la fuerza”, dijo. “No quiero usar la fuerza. No la usaré”.