Por: Sofía Hernández
Mientras el mundo parece detenerse al caer la noche, el cuerpo humano inicia uno de sus procesos más importantes: el descanso. Dormir no es un lujo, sino una necesidad vital que impacta directamente en la salud física, emocional y mental de las personas. Sin embargo, en la actualidad, los hábitos nocturnos han cambiado, y con ellos, el bienestar de millones.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los adultos deben dormir entre siete y nueve horas por noche. No hacerlo aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, obesidad, ansiedad, depresión, entre otros problemas. “El sueño es el momento en que el cuerpo se repara a sí mismo”, explica la psicóloga clínica y terapeuta del sueño, Dra. Julissa Ramírez. “Dormir bien fortalece la memoria, regula las emociones y mejora el estado de ánimo”.
En República Dominicana, como en otros países de la región, factores como el estrés, el exceso de pantallas, los turnos laborales nocturnos y la alimentación inadecuada han disminuido la calidad del sueño. Estudios recientes revelan que al menos el 40% de la población duerme menos de lo recomendado.
Dormir bien también se aprende
Los expertos recomiendan establecer una rutina de sueño con horarios fijos, reducir el uso de dispositivos electrónicos al menos 30 minutos antes de acostarse, evitar comidas pesadas en la noche y mantener la habitación en condiciones óptimas: oscura, fresca y silenciosa.
Técnicas como la lectura relajante, la meditación guiada o ejercicios de respiración profunda pueden ayudar a las personas que enfrentan insomnio o ansiedad nocturna.
Un derecho invisible
Dormir bien es un derecho silencioso y muchas veces ignorado. No se trata solo de dormir muchas horas, sino de dormir con calidad. En un mundo que aplaude la productividad extrema y el «no parar», es vital recordar que el descanso es parte de una vida saludable.
Dormir es vivir mejor. Cuidar ese momento de pausa es una forma de amor propio y una inversión en salud.