Por: Sofía Hernández
El degustar una buena comida es un placer que todos nos queremos dar, ahora bien, el hacerlo adecuadamente es el reto que debemos superar ya que muchas veces lo que resulta agradable al paladar es dañino para nuestra salud.
Una alimentación balanceada es la que proporciona al cuerpo los nutrientes esenciales para su buen funcionamiento, lo cual es fundamental para un desarrollo saludable, mantener la vitalidad y prevenir múltiples enfermedades.
Cuidarnos desde adentro se refleja visiblemente en la piel, los ojos, las uñas e incluso el cabello. Nuestro organismo manifiesta las consecuencias cuando no le damos la atención nutricional que necesita.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) resalta la importancia de una nutrición adecuada en todas las etapas de la vida. Según sus recomendaciones, una inversión efectiva en salud alimentaria podría salvar millones de vidas. Entre sus metas se encuentran reducir en un 30 % el consumo de sal y frenar el incremento de enfermedades como la obesidad y la diabetes en jóvenes y adultos. Además, hace un llamado a los gobiernos para fomentar hábitos saludables en espacios públicos y establecer políticas que favorezcan una alimentación consciente.
Llevar una dieta deficiente puede ocasionar desequilibrios nutricionales, sobrepeso, condiciones médicas como hipertensión, fatiga constante, debilidad física y mayor susceptibilidad a infecciones. Por ello, cuidar lo que ingerimos fortalece el sistema inmunológico y nos mantiene activos.
Para reforzar nuestras defensas, es vital mantener una buena hidratación, consumir frutas y vegetales como el ajo, la fresa, la naranja, la mandarina, el limón, la guayaba, el brócoli, el apio, la batata dulce, la granada; así como alimentos funcionales como el salmón, el yogur natural, las semillas de girasol, frutos secos, linaza, cúrcuma y jengibre. Estos contienen antioxidantes, compuestos bioactivos, vitamina C, A y E, que apoyan la producción y el funcionamiento de las células inmunológicas y ayudan a reducir procesos inflamatorios.
Sin embargo, es importante comprender que los alimentos por sí solos no garantizan una inmunidad fuerte, es necesario complementarlos con descanso adecuado, actividad física regular, una buena hidratación y, sobre todo, una dieta equilibrada que incluya todos los nutrientes esenciales como proteínas, carbohidratos, grasas saludables, vitaminas y minerales.