Las autoridades de la ciudad de Nueva York abrieron ayer miércoles, un nuevo centro temporal para alojar a los inmigrantes enviados en autobús desde Texas.
El centro humanitario de la Isla de Randall pretende ser un lugar de paso para varones adultos que viajan solos -muchos desde Venezuela- y que llegan en autobuses contratados principalmente por Texas, y que hacen el trayecto varias veces por semana.
Las carpas, espartanas y utilitarias, incluyen catres para hasta 500 personas, instalaciones de lavandería, un comedor y teléfonos para que los residentes hagan llamadas internacionales.
El plan de la ciudad es llevar a los hombres que llegan solos al lugar una vez lleguen a la principal terminal de autobuses de Manhattan y alojarlos allí mientras determinan sus próximos pasos, según las autoridades. Las familias con niños se alojan en un hotel.
“Necesitamos una operación diferente que nos dé el tiempo y el espacio para recibir a la gente, ofrecerles una comida caliente, ducha, un lugar donde dormir, comprender sus necesidades médicas, trabajar de verdad con ellos para descubrir cuál va a ser su próximo paso”, dijo el comisario de Gestión de Emergencias, Zach Iscol.
Bodegueros dispuestos a emplearlos
Propietarios de bodegas neoyorquinas están listos para emplear a “miles” de los inmigrantes recién llegados a Nueva York, principalmente a los hispanos, dado que la gran mayoría de los cerca de 20,000 arribados a la Gran Manzana son de países latinoamericanos.
La organización “United Bodegas of America” (UBA) lanzó este miércoles esta propuesta para ayudar así a aliviar la carga migratoria en la ciudad, y su portavoz, Fernando Mateo, dijo que las 15,000 bodegas de la ciudad, que dan trabajo a “unas 100,000 personas”, necesitan actualmente a esos miles de empleados, pero añadió que también necesitan superar la complicada burocracia estatal.
Los inmigrantes -dijo Mateo- “vienen a trabajar, a abrir negocios y a crear oportunidades (…) necesitan trabajo y nosotros necesitamos a trabajadores. Además, hablamos su idioma”, razonó, e insistió en que el procedimiento para lograr permisos de trabajo es muy complejo, por lo que exigió que el gobierno federal lo agilice y permita así la integración de esas personas.
Además, y en un argumento muy utilizado por los estadounidenses, añadió que “los ciudadanos no tienen por qué pagar la alimentación, la educación, la salud ni los servicios sociales de los inmigrantes. Los inmigrantes deben poderse ganar la vida en nuestra ciudad”, recalcó ante los periodistas.
La UBA había citado a los periodistas en la entrada de la estación de autobuses de la Octava Avenida, que es precisamente el lugar al que han llegado varios miles de inmigrantes, enviados en autobuses por el gobernador de Texas, Greg Abbott, sin la menor coordinación con la Alcaldía neoyorquina.
Mateo recordó que Nueva York es desde siempre una tierra de acogida: “A principios del siglo XX, millones de emigrantes llegaron de Europa huyendo de la pobreza, y fueron bienvenidos. Pues bien: estamos viviendo exactamente la misma situación. Tiempos distintos, mismos problemas. Estos migrantes vienen a trabajar”, insistió.
El portavoz alabó la labor que la Alcaldía de Nueva York está haciendo con los inmigrantes, prestándoles cobijo, alimento y escuelas prácticamente desde su llegada, y por ello dijo que el problema burocrático se sitúa a nivel federal, y concretamente con los permisos de trabajo.
Cornelia Mota/ EFE