Por: Sofía Hernández
Con la llegada del nuevo año escolar, no solo los útiles, uniformes y libros son esenciales para el aprendizaje. Un aspecto fundamental que muchas veces pasa desapercibido es la hidratación adecuada de los estudiantes durante las horas de clase, la cual influye directamente en su rendimiento académico, concentración y bienestar físico.
Los especialistas en nutrición y pediatría recuerdan que los niños y adolescentes pasan entre seis y ocho horas diarias en la escuela, un tiempo en el que están expuestos a actividades físicas, recreos bajo el sol y exigencias académicas que requieren energía. El consumo insuficiente de agua puede generar cansancio, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse e incluso afectar el estado de ánimo.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), un niño en edad escolar necesita entre 1.5 y 2 litros de agua al día, dependiendo de su edad, peso y nivel de actividad, sin embargo, muchas veces los estudiantes sustituyen el agua por jugos procesados, refrescos o bebidas azucaradas, lo que aumenta el riesgo de obesidad y problemas de salud a largo plazo.
Por ello, los pediatras recomiendan que los padres incluyan en la mochila una botella de agua reutilizable y fomenten el hábito de beber pequeños sorbos durante todo el día, no solo cuando el niño sienta sed, a su vez, las escuelas tienen la responsabilidad de garantizar acceso a bebederos limpios o dispensadores de agua.
La doctora Elena Martínez, especialista en nutrición infantil, asegura que: “Un estudiante hidratado es un estudiante con mayor energía, concentración y capacidad de aprendizaje, el agua debe ser vista como parte esencial de la alimentación escolar”.
El regreso a clases es un momento oportuno para que tanto familias como centros educativos refuercen la educación en hábitos saludables, promover la hidratación consciente no solo mejora el rendimiento escolar, sino que sienta las bases para un estilo de vida más sano y equilibrado en el futuro.