NUEVA YORK — Durante décadas, los vendedores ambulantes que aspiran a vender alimentos y mercancías en la ciudad de Nueva York han enfrentado un desafío casi insuperable: obtener un permiso legal para operar, debido a que la demanda ha superado ampliamente la oferta. Ante esta realidad, muchos han arriesgado multas, confiscaciones e incluso encuentros con autoridades migratorias, mientras otros han llegado a pagar miles de dólares para alquilar permisos de manera ilegal.
Se estima que existen unos 20,000 vendedores ambulantes en Nueva York, pero solo 6,880 permisos para vendedores de alimentos y 853 licencias para vendedores generales, según el Street Vendor Project, una organización defensora del sector.
Este jueves, el New York City Council aprobó una ley histórica que elimina los límites máximos en la cantidad de permisos y licencias. Para 2033, habrá casi 17,000 permisos para vendedores de alimentos, incluidos cerca de 1,300 reservados para veteranos y personas con discapacidades. Además, el tope de licencias para vendedores generales aumentará a más de 11,000 para el año 2027.


La concejal del Bronx Pierina Sanchez, patrocinadora del proyecto, explicó que su motivación es personal. Recordó que su abuelo vendió naranjas hasta pasados los 90 años en Washington Heights, y que su padre fue vendedor ambulante en Fordham Road, en el Bronx.
“La comunidad de vendedores ambulantes es muy cercana a mí. Es parte de mi ADN”, afirmó.
Activistas del sector señalaron que, aunque en 2021 se aprobó una ley local para ampliar permisos, la implementación se estancó durante años. “Es frustrante para los vendedores esperar 38 años por una ley, solo para ver que una nueva administración frena su aplicación”, señaló un representante comunitario.
El alcalde electo Zohran Mamdani, quien asumirá el cargo el 1 de enero, destacó durante su campaña las dificultades de los vendedores ambulantes y el impacto del sistema de permisos en el aumento de precios conocido como “halalflation”. En un mensaje reciente en redes sociales, expresó su respaldo a la legislación y aseguró que su administración garantizará el procesamiento de nuevas licencias, el fortalecimiento de las agencias de control y que los vendedores puedan trabajar con dignidad.
Para Wageh Habib, un vendedor de comida halal de 58 años que ha trabajado en Manhattan durante casi dos décadas, la aprobación de la ley representa esperanza.
“Sería muy feliz. Sentiría que por fin soy dueño de algo”, expresó.