Reading, Pensilvania – El sistema judicial de Pensilvania ha dictado una sentencia definitiva en uno de los casos más desgarradores que ha golpeado a la comunidad dominicana en el extranjero. José Rodríguez, de 61 años, pasará el resto de sus días en prisión tras ser condenado a tres cadenas perpetuas consecutivas por el asesinato premeditado de una pareja y su hijo de apenas un año.
Un crimen motivado por la obsesión La sentencia llega luego de que Rodríguez aceptara un acuerdo de culpabilidad ante el juez Benjamin Nevius. Según las investigaciones, el móvil del crimen fue la negativa de Geraldina Peguero Mancebo a abandonar a su esposo para iniciar una relación con el agresor.

Imagen de José Rodríguez, acusado por la muerte deJunior Cabrera Colón. (FUENTE EXTERNA)
La reconstrucción de los hechos presentada por la fiscalía detalla una ejecución a sangre fría dividida en dos escenarios:
Emboscada en el bosque: La noche del 12 de septiembre, Rodríguez llevó a Geraldina y a su hijo, Jayden Peguero, a una zona boscosa en Ontelaunee Township. Allí, disparó a la mujer por la espalda y, en un acto de crueldad extrema, ahogó al bebé en una charca cercana.
Ataque en la vivienda: Horas después, el asesino se dirigió a la residencia de Junior Cabrera Colón (esposo de Geraldina), donde tras un altercado le arrebató la vida de un disparo en la cabeza.
El rastro del video de vigilancia Aunque el acusado intentó inicialmente alegar «defensa propia» tras su detención el 18 de septiembre, las pruebas forenses y los videos de vigilancia de la calle Pear Street desmantelaron su coartada. Las cámaras ubicaron su vehículo en la escena del crimen, lo que permitió a la policía de Reading conectar los tres homicidios como parte de un plan ejecutado con «malicia y premeditación».
Los cuerpos de Geraldina y el pequeño Jayden fueron hallados días después en avanzado estado de abandono en la zona de East Huller Lane, cerrando una búsqueda que mantuvo en vilo a sus familiares en la República Dominicana.
Con esta sentencia, se cierra el capítulo legal de una tragedia que dejó a tres niños huérfanos en la isla caribeña, mientras la comunidad en Pensilvania clama por el descanso eterno de las víctimas y el fin de la violencia obsesiva.