Incertidumbre en Islamabad: Se enfrían las expectativas de una cumbre de paz entre EE. UU. e Irán

Janet Báez
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Islamabad — Lo que se perfilaba como una ventana de oportunidad para la diplomacia se ha transformado en un compás de espera cargado de escepticismo. A pesar del optimismo inicial mostrado por la Casa Blanca, las esperanzas de una reunión inmediata en la capital paquistaní entre los negociadores de Washington y Teherán parecen haberse desvanecido este jueves.

Fuentes oficiales y analistas en el terreno coinciden en que el plazo de «36 a 72 horas» sugerido por el presidente Donald Trump es, a día de hoy, inviable. Mientras las delegaciones mantienen sus distancias, las calles de Islamabad reflejan la tensión de un encuentro que no termina de materializarse.

Una ciudad blindada y en pausa

La denominada «Zona Roja» de Islamabad, corazón político del país y sede prevista para la cumbre, permanece bajo un bloqueo absoluto. El despliegue de seguridad no solo ha paralizado el tráfico, sino que ha forzado el cierre de escuelas y comercios, provocando un creciente malestar entre los ciudadanos paquistaníes ante la falta de avances tangibles.

El ministro del Interior de Pakistán, Mohsin Naqvi, reafirmó que su gobierno está haciendo «todos los esfuerzos posibles» para salvar la segunda ronda de negociaciones, tras reunirse con la encargada de negocios de EE. UU., Natalie Baker. Sin embargo, Pakistán condiciona el éxito de la cita a un «progreso positivo» por parte de Irán que aún no se percibe.

Acciones que alejan la mesa de diálogo

Lejos de la distensión, las últimas 24 horas han estado marcadas por gestos de confrontación:

Irán confirmó la recaudación de las primeras tasas impuestas al tránsito por el estrecho de Ormuz, una medida que EE. UU. considera ilegal.

EE. UU. respondió con la incautación de un petrolero iraní en el Índico y la orden presidencial de «disparar y hundir» cualquier embarcación sospechosa de minar aguas estratégicas.

A este escenario se suma la lectura política de Trump, quien asegura que el liderazgo iraní enfrenta una «lucha interna» entre facciones moderadas y de línea dura, lo que dificultaría la existencia de un interlocutor único y válido para la paz. Con este panorama, los expertos sugieren que, de retomarse el camino diplomático, no será sino hasta después del fin de semana cuando se produzcan movimientos reales.

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