Giro estratégico de EE. UU.: Marco Rubio ordena a diplomáticos aliarse con el Pentágono para combatir la desinformación global

Janet Báez
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En un movimiento sin precedentes que desibuja las líneas entre la diplomacia y las operaciones militares, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha emitido una directriz global para que su personal diplomático enfrente de forma directa las campañas de influencia extranjera. Según un cable filtrado por The Guardian, las embajadas y consulados ahora deberán colaborar estrechamente con la unidad de operaciones psicológicas del Departamento de Defensa (MISO).

Esta nueva «estrategia global» surge como respuesta a las crecientes tensiones con Irán y los esfuerzos de influencia atribuidos a Rusia y China en regiones clave como América Latina, Europa y Asia.

Influencers y «American Spaces»: Las nuevas armas El documento establece cinco objetivos tácticos, entre los que destaca la instrucción a las misiones diplomáticas de reclutar a influencers, académicos y líderes comunitarios locales. El fin es difundir mensajes que parezcan «orgánicos» y que promuevan una narrativa positiva de los intereses estadounidenses, contrarrestando los mensajes hostiles de sus adversarios.

Además, los más de 700 centros culturales «American Spaces» alrededor del mundo serán reforzados como plataformas de acceso a información libre, funcionando como bastiones de libertad de expresión en países donde predominan narrativas antiestadounidenses.

El papel de la plataforma X y Elon Musk Un punto llamativo de la directriz es el respaldo explícito a la plataforma X (antes Twitter). El cable destaca la función de «Notas de la comunidad» como una herramienta innovadora para combatir la desinformación. Este apoyo ocurre en un momento de fricción internacional, ya que la Unión Europea mantiene investigaciones abiertas contra la red social de Elon Musk por sus algoritmos.

Identidad y ayuda exterior Finalmente, Rubio ha ordenado que toda la ayuda exterior de Estados Unidos sea claramente identificable con símbolos nacionales. El objetivo es que los beneficios de la cooperación estadounidense no pasen desapercibidos y sirvan para amplificar la influencia de Washington frente a la sofisticación de las campañas de propaganda actuales.

Este giro marca una integración directa de la diplomacia pública con operaciones de carácter militar, evidenciando que para la administración actual, la guerra de la información es una prioridad de seguridad nacional.

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