AP- Portland.- James Talbot, antiguo miembro de la Iglesia Católica y exjesuita sentenciado por haber cometido abusos sexuales contra menores en los estados de Maine y Massachusetts, falleció a los 87 años. Su caso fue uno de los principales expuestos en la reconocida investigación periodística que inspiró la película Spotlight.
Talbot figuraba entre los nombres presentados por la orden religiosa de los jesuitas del noreste, señalados con denuncias fundadas por conducta sexual inapropiada hacia menores. El exclérigo murió el pasado 28 de febrero en un centro de cuidados paliativos en San Luis.
Su historia fue uno de los casos emblemáticos que destapó el diario The Boston Globe, cuya labor de investigación sobre el encubrimiento de agresiones sexuales dentro del clero le valió el Premio Pulitzer en 2003 y dio origen al filme galardonado en 2015. La organización Jesuitas USA East no ofreció declaraciones públicas respecto a su fallecimiento.
En 2018, Talbot se declaró culpable de agresión sexual agravada y contacto físico ilícito con un niño de 9 años ocurrido en una parroquia de Maine durante la década de 1990. Por ello, fue condenado a cumplir una pena de tres años de prisión.
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Resumen en 4 párrafos:
James Talbot, exsacerdote jesuita de la Iglesia Católica, falleció a los 87 años tras haber sido condenado por múltiples casos de abuso sexual contra menores. Su figura fue una de las más destacadas dentro de los hallazgos del equipo periodístico de The Boston Globe, cuya investigación inspiró la premiada película Spotlight.
Talbot fue incluido en una lista de miembros jesuitas del noreste de EE. UU. con denuncias creíbles de abuso infantil. Su muerte ocurrió el 28 de febrero en un hospicio en San Luis. Hasta el momento, la orden religiosa no ha emitido comentarios oficiales al respecto.
La investigación de The Boston Globe, galardonada con el Premio Pulitzer, reveló una red de encubrimientos sistemáticos por parte de autoridades eclesiásticas ante denuncias de abuso, lo que generó un escándalo global y transformó la manera en que se percibe la rendición de cuentas dentro de la Iglesia.
En 2018, Talbot aceptó su culpabilidad por haber abusado sexualmente de un niño en la década de 1990, siendo condenado a tres años de prisión. Su caso simboliza uno de los muchos ejemplos de cómo el silencio institucional permitió que se perpetuaran estos crímenes durante décadas.