Por : Sofía Hernández
Escuchar música es mucho más que un acto placentero. Numerosos estudios científicos han confirmado que la música tiene efectos positivos en la salud física, emocional y mental de las personas, desde reducir el estrés hasta mejorar la memoria, el poder del sonido se ha convertido en una herramienta terapéutica reconocida por profesionales de la salud en todo el mundo.
De acuerdo con investigaciones publicadas por la Universidad Johns Hopkins, escuchar música activa diversas áreas del cerebro relacionadas con las emociones, la memoria y el movimiento. “Cuando una persona escucha su canción favorita, el cerebro libera dopamina, el mismo neurotransmisor asociado al placer y la recompensa”.
Además, la música suave, como la clásica o instrumental, puede disminuir los niveles de cortisol la hormona del estrés y reducir la presión arterial, favoreciendo la relajación del cuerpo, esto ha llevado a muchos hospitales a incorporar la musicoterapia como parte del tratamiento en pacientes con ansiedad, insomnio o enfermedades crónicas.
Terapia sonora para la mente y el corazón
Pacientes con Alzheimer han mostrado mejoras temporales en la memoria a corto plazo al escuchar melodías que les resultan familiares, es como si la música abriera una ventana en la mente del paciente.
Asimismo, personas que sufren de depresión o cuadros de tristeza encuentran en la música un refugio emocional. Las letras de canciones pueden actuar como una especie de espejo, ayudando al oyente a identificar y procesar sus sentimientos.
Una herramienta de inclusión y sanación social
En comunidades vulnerables, la música también ha demostrado ser un vehículo de conexión social y empoderamiento. La música no solo acompaña momentos felices o tristes: también sana. En tiempos donde la salud mental se ha convertido en un desafío global, escuchar música puede ser una de las formas más accesibles y efectivas de cuidar nuestro bienestar. Ya sea un bolero, una sinfonía o un tema urbano, el arte del sonido sigue siendo, como decía Platón, «la medicina del alma».