WASHINGTON D.C/ AP.– En un ambiente marcado tanto por la gloria deportiva como por la controversia social, los Dodgers de Los Ángeles realizaron este jueves 23 de julio su visita oficial a la Casa Blanca para celebrar con el presidente Donald Trump la consecución de su segundo título consecutivo de la Serie Mundial.
El encuentro, programado en un día de descanso durante la gira del equipo, estuvo precedido por semanas de fuerte presión pública en la urbe californiana. Los Ángeles ha sido una de las metrópolis más golpeadas por los operativos y redadas masivas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), los cuales han derivado en miles de detenciones de migrantes.

La tensión social escaló a tal punto que las inmediaciones del Dodger Stadium se transformaron en el escenario de protestas por parte de colectivos proinmigrantes y activistas que exigían una postura firme del club, llegando incluso a convocar a un boicot. En respuesta, la gerencia angelina emitió un comunicado defendiendo su asistencia como una tradición institucional propia de los equipos campeones, al tiempo que anunció una donación de 1.1 millones de dólares en apoyo a organizaciones de familias migrantes.

La cita presidencial también estuvo marcada por ausencias notables. El utility puertorriqueño Kiké Hernández declinó asistir al evento; aunque justificó su inasistencia por compromisos previos, Hernández quien en diversas ocasiones ha criticado el impacto de las políticas migratorias sobre la comunidad latina aclaró que tampoco habría acudido de haber tenido la agenda libre.

En contraste, el mánager Dave Roberts respaldó institucionalmente la visita, expresando que ser recibidos en la sede de Gobierno tras lograr un título de las Grandes Ligas es un honor al que aspira cada temporada. Por su parte, el presidente Trump elogió durante la recepción la gesta histórica del conjunto angelino al revalidar su campeonato de forma consecutiva.