Tras 50 días de navegación errática, cambios de rumbo y «prácticas evasivas» para eludir sanciones, el petrolero cargado con combustible de Moscú abandona su destino original.
SANTO DOMINGO. Lo que inició como una misión de auxilio energético para una Cuba sumida en apagones, terminó revelando el complejo ajedrez del petróleo bajo sanciones en el Caribe. El buque Sea Horse, que transporta unas 27,000 toneladas de diésel ruso, arribó finalmente a aguas de Venezuela tras una travesía de siete semanas marcada por la incertidumbre y el sigilo.
El recorrido, que comenzó a principios de febrero frente a las costas de Chipre, ha sido un constante desafío a la vigilancia de Estados Unidos. Durante 50 días, el petrolero no solo redujo su velocidad en el Atlántico Norte hasta casi detenerse, sino que modificó su destino declarado en múltiples ocasiones: de La Habana pasó al «Mar Caribe» y luego a Trinidad y Tobago, antes de enfilar hacia Puerto Cabello, el corazón energético venezolano.
Promesas de Moscú frente a la realidad del mar
El desvío ocurre a pesar de que apenas el pasado 20 de marzo, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reafirmara el compromiso de Rusia para ayudar a la isla a superar su crisis humanitaria. Sin embargo, la ambigüedad de Moscú —que evitó confirmar el destino del Sea Horse y de otro buque, el Anatoli Kolodkin— sugirió desde el principio que las presiones de Washington estaban surtiendo efecto.
Tácticas de «Buque Fantasma»
Para especialistas en rastreo marítimo, el comportamiento del Sea Horse encaja en las llamadas «prácticas evasivas». En varios tramos de su ruta, el buque desconectó su sistema de identificación automática (AIS), una maniobra común para naves que transportan carga sensible a sanciones internacionales.
¿Quién gana y quién pierde con el cambio de rumbo?
Cuba en crisis: El cambio de destino es un golpe devastador para la infraestructura cubana, que depende de estos suministros para estabilizar su red eléctrica y sectores clave de la economía.
Venezuela como refugio: Para el gobierno de Caracas, la llegada del Sea Horse representa un refuerzo estratégico en su propia dinámica energética, consolidando un eje de comercio de hidrocarburos que opera al margen del sistema financiero tradicional.
Este giro de 180 grados en la ruta del Sea Horse evidencia que, en la guerra fría energética del Caribe, las promesas diplomáticas de Moscú a menudo chocan de frente con el muro de las sanciones estadounidenses, dejando a La Habana en una espera que parece no tener fin.