Por: Sofía Hernández
El sueño polifásico, que consiste en dividir el descanso en múltiples períodos más cortos a lo largo del día en lugar de un único bloque nocturno, ha ganado popularidad en entornos laborales y académicos exigentes, así como entre emprendedores que buscan maximizar su productividad, algunos seguidores de esta práctica aseguran que les permite tener más horas “activas” y mejorar su rendimiento.
Sin embargo, la evidencia científica advierte que este patrón de sueño puede tener consecuencias negativas para la salud. Estudios recientes publicados en ScienceDirect muestran que los horarios polifásicos, al generar una deficiencia crónica de sueño, pueden afectar la memoria, el estado de ánimo, la función cognitiva y la salud física en general. Entre los posibles riesgos se incluyen problemas cardiovasculares, alteraciones metabólicas y un mayor riesgo de ansiedad y depresión.
Investigador en psicobiología, señala: “La falta de sueño, incluso cuando se intenta compensarla con siestas cortas, altera los procesos cerebrales responsables de la memoria, la concentración y la regulación emocional, a largo plazo, puede aumentar la susceptibilidad a enfermedades crónicas.
Pese a estos riesgos, algunas personas adoptan el sueño polifásico de manera temporal para cumplir objetivos puntuales, como terminar proyectos importantes o adaptarse a horarios irregulares de trabajo, expertos coinciden en que, aunque puede ofrecer beneficios de percepción de tiempo y productividad, no reemplaza el sueño nocturno continuo, que es crucial para la recuperación física y mental.
Los especialistas recomiendan que cualquier intento de modificar los hábitos de sueño se haga bajo supervisión profesional, priorizando siempre la duración y la calidad del descanso “Dormir menos no siempre significa rendir más; el descanso adecuado sigue siendo un pilar fundamental para el rendimiento óptimo”,