Pese al respaldo de 123 naciones, el bloque opositor argumenta que el texto de Ghana genera «problemas legales» sobre reparaciones históricas y crea burocracia innecesaria.
NACIONES UNIDAS. La Asamblea General de la ONU se convirtió este miércoles en el escenario de una intensa división diplomática. Una resolución propuesta por Ghana, que busca calificar la trata transatlántica y la esclavitud racializada como el «crimen más grave contra la humanidad», fue aprobada por mayoría, pero encontró el rechazo frontal de Estados Unidos, Israel y Argentina.
El documento, que analiza las consecuencias sistémicas de la esclavitud en el capital y la propiedad global, contó con 123 votos a favor. Sin embargo, la abstención de 52 países incluyendo a potencias europeas como el Reino Unido, Francia, Alemania y España y el voto en contra del bloque liderado por Washington, evidenciaron las profundas grietas legales que aún rodean este legado histórico.
El argumento del rechazo: ¿Derecho o reparaciones?
El representante de EE. UU. ante el ECOSOC, Dan Negrea, fue el encargado de explicar la postura de su país. Aunque condenó los agravios históricos, señaló que el texto es «problemático en innumerables aspectos» jurídicos.
«Estados Unidos no reconoce un derecho legal a la reparación por agravios históricos que no eran ilegales en virtud del derecho internacional en el momento en que se produjeron», sentenció Negrea.
Además, la delegación estadounidense criticó que la resolución fomenta la creación de nuevos grupos de trabajo e informes que calificó de «costosos», argumentando que la ONU no fue diseñada para promover agendas de este tipo.
Guterres: Una «maquinaria de deshumanización»
En contraste con la frialdad jurídica de los votos en contra, el secretario general de la ONU, António Guterres, ofreció un discurso cargado de peso ético. Guterres definió la trata de esclavos como una «traición profunda a la dignidad humana» y una maquinaria de explotación masiva.
Por su parte, la presidenta de la Asamblea General, Annalena Baerbock, reforzó esta visión al calificar el comercio de esclavos como una ofensa directa a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Un debate sobre el presente
La resolución no solo mira al pasado; el documento subraya que las consecuencias de la esclavitud «siguen condicionando la vida de todas las personas» a través de regímenes raciales modernos. Para los países que se abstuvieron o votaron en contra, el temor reside en que esta declaración abra la puerta a demandas financieras y compensaciones legales por siglos de explotación colonial.