SANTO DOMINGO. — Lo que comenzó como un ajuste administrativo en la Embajada de Estados Unidos en la República Dominicana se ha transformado en un debate de resonancia internacional. El retiro de la obra monumental Young Artists After Siamesas 1960, del reconocido pintor estadounidense Kehinde Wiley, ha colocado a la sede diplomática en el centro de la controversia político-cultural entre sectores conservadores y progresistas de Estados Unidos.

obra de Kehinde Wiley retirada de la Embajada de Estados Unidos en RD. (@AMBLEAHCAMPOS)
La pintura, encargada en 2013 por el Departamento de Estado dentro del programa Art in Embassies, retrata a cuatro jóvenes creativos dominicanos sobre un fondo floral inspirado en la estética de maestros locales como Celeste Woss y Gil y Gilberto Hernández Ortega. Sin embargo, su desmontaje el pasado 11 de agosto fue presentado públicamente por la embajadora Leah Campos como un símbolo de rechazo a las ideologías «globalistas y woke».
El suceso ha captado la atención de importantes cabeceras informativas en Estados Unidos, Reino Unido y España. Publicaciones como The New York Times han analizado el caso señalando la paradoja de catalogar la obra de «estéticamente aterradora» o «subversiva», cuando en la superficie solo muestra a personas completamente vestidas y en poses serenas. Para diversos analistas culturales, la decisión responde más a una dinámica de política de símbolos y reacción ideológica que a un examen formal del lienzo.
El debate también ha reavivado las discusiones sobre la trayectoria del propio artista. Aunque Wiley fue galardonado en 2015 con la Medalla de las Artes por su contribución a la diplomacia cultural estadounidense, en años recientes su figura ha enfrentado cuestionamientos tanto por la repetición de sus fórmulas pictóricas como por acusaciones en su vida personal que han llevado a la cancelación de exposiciones en varios museos de Estados Unidos.
Actualmente, las autoridades del Departamento de Estado evalúan la posible venta de la pieza, mientras el episodio continúa utilizándose como ejemplo de cómo las expresiones artísticas en sedes diplomáticas pueden convertirse en terreno de disputa política.