La Unidad de Psicología Especializada de la Clínica Corominas atiende más de 130 citas diarias, impulsada por alertas en las aulas y un incremento en consultas sobre ansiedad y acoso escolar en adolescentes.
SANTIAGO.– La demanda de evaluaciones neuropsicológicas y de atención a la salud mental en la población infantil y adolescente ha experimentado un crecimiento acelerado en la región Norte del país. En los últimos cinco años, la cantidad de pacientes que acuden a la Unidad de Psicología Especializada (UPSE) de la Clínica Corominas casi se ha duplicado, reflejando una mayor conciencia social, pero también el impacto de condiciones del desarrollo no detectadas a tiempo.

Saray Espinal Gómez, psicóloga, especialista en Neuropsicología Clínica y fundadora de UPSE. (Fuente Externa)
Actualmente, el centro gestiona un promedio diario de 132 citas, de las cuales el 70 % corresponde a niños y adolescentes, manteniendo agendas llenas incluso durante las jornadas sabatinas.
Las escuelas lideran las alertas de detección
Los pacientes más jóvenes atendidos oscilan entre los 3 y 12 años. La mayoría acude remitida por sus centros educativos tras identificar dificultades en la concentración, el aprendizaje o la socialización.
«La mayor cantidad de pacientes que estamos recibiendo en este momento corresponde a trastornos del neurodesarrollo. Los porcentajes más altos son por trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos del espectro autista (TEA), trastornos del aprendizaje y alteraciones conductuales», explica la neuropsicóloga Saray Espinal Gómez, fundadora de la unidad.
No obstante, la especialista subraya la urgencia de fortalecer el diagnóstico precoz desde las consultas pediátricas para evitar que adolescentes de 12 a 14 años lleguen a evaluación tras haber arrastrado años de rezago en el habla o síntomas del espectro autista sin la debida intervención.
El reto en la adolescencia: bullying y vapeo
En el segmento de los 13 a 18 años, la dinámica de consulta cambia de manera drástica hacia trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión.
Entre los factores desencadenantes principales, los especialistas identifican el acoso escolar (bullying) no canalizado y el inicio temprano en el consumo de sustancias:
Bullying normalizado: Frecuentemente, cuadros depresivos ocultaban historias prolongadas de maltrato en el entorno escolar que el menor no había verbalizado.
Vapeadores y marihuana: La especialista advierte sobre la baja percepción de riesgo en los jóvenes ante el uso de cigarrillos electrónicos y cannabis, sustancia que actúa como depresor del sistema nervioso central en cerebros aún en formación.
Red familiar y abordaje integral
El proceso terapéutico tras la evaluación incluye programas que combinan terapia del habla, conductual, ocupacional y rehabilitación cognitiva, acompañados de orientación emocional para los padres durante la fase diagnóstica.
La dinamización de estas terapias recae de manera significativa en madres solteras y abuelas, aunque la clínica destaca un involucramiento progresivo y más activo por parte de los padres en el acompañamiento escolar y clínico de sus hijos. La recomendación central de los expertos apunta a no postergar la consulta ante señales como retrasos en el lenguaje o cambios drásticos de conducta.