Una nueva herramienta científica revela el impacto real del calentamiento global en la producción de alimentos. Mientras el sur de Europa y las regiones tropicales sufren las mayores pérdidas, el desplazamiento de los cultivos hacia el norte amenaza con desatar conflictos internos por el control del agua y la tierra.
El cambio climático ya no es una amenaza futura para la seguridad alimentaria; es una realidad que mermará la producción de alimentos para cientos de millones de personas. De hecho, si las emisiones siguen un curso medio-alto (con un aumento de la temperatura global de $2.1\text{ °C}$), casi el 50 % de la población mundial vivirá en zonas agrícolas en declive entre los años 2041 y 2060.
Estas son las alarmantes conclusiones de CADI (Climate-Driven Agricultural Decline Index), una plataforma de previsión desarrollada por investigadores del Instituto de Análisis Económico (IAE) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en España. El índice evalúa la pérdida de capacidad de producción agrícola basándose en datos históricos de la FAO y del programa europeo Copérnico, proyectando escenarios futuros del IPCC si no se toman medidas urgentes de adaptación.
La brecha agrícola: Ganadores y perdedores del calentamiento global
Los efectos del cambio climático en la agricultura son profundamente desiguales. El análisis de los datos entre los periodos 1980-2000 y 2000-2020 demuestra que el 16 % de las tierras de cultivo del planeta ya ha perdido más del 10 % de su productividad potencial.
Las zonas más afectadas: Las regiones tropicales se llevan la peor parte. El modelo estima que un pequeño grupo de «zonas críticas» concentra el daño: apenas el 5 % de las tierras agrícolas tropicales acumula el 35 % de las pérdidas globales. A mediados de siglo, el 25 % de los países absorberá entre el 85 % y el 90 % de las pérdidas totales mundiales.
Las regiones que «ganan»: Las latitudes altas y zonas de mayor altitud (como Escandinavia, Finlandia, Escocia o los Alpes en Europa) verán aumentado su potencial agrícola debido al incremento de las temperaturas. Sin embargo, los científicos advierten que estas ganancias parten de niveles de producción históricamente muy bajos; aunque el aumento porcentual parezca enorme, su aporte en calorías reales sigue siendo modesto.
El caso de España: El patrón global se repite a microescala en la península ibérica. Mientras que el norte (la cornisa cantábrica, Galicia y los Pirineos) ganará productividad, el interior y el centro-este peninsular sufrirán pérdidas severas de potencial agrícola.
Tensiones internas y nuevos conflictos por los recursos
El informe de los investigadores del CSIC alerta de un peligro colateral: las tensiones distributivas. El desplazamiento de la producción agrícola hacia nuevas regiones geográficas obligará a los gobiernos a reasignar terrenos, presupuestos de inversión y, sobre todo, recursos hídricos.
Esta migración forzada de la actividad agrícola dentro de las fronteras nacionales plantea un desafío logístico y social tan complejo que, según los autores del proyecto, podría alimentar conflictos no solo entre diferentes naciones, sino también en el interior de los propios países.