La Santa Sede castiga la consagración no autorizada de cuatro nuevos prelados en Suiza por parte de la Fraternidad San Pío X. Roma advierte que cualquier fiel que apoye formalmente al grupo sufrirá la misma sanción.
Ciudad del Vaticano. – En una de las decisiones más drásticas en materia de disciplina eclesiástica de los últimos años, el Vaticano confirmó de manera oficial la excomunión automática de seis obispos vinculados a la corriente ultraconservadora de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). El anuncio profundiza una histórica ruptura doctrinal y administrativa dentro de la Iglesia católica.
La medida punitiva, ratificada por la Santa Sede, se produce como consecuencia directa de la ordenación ilegal y cismática de cuatro nuevos prelados celebrada en la localidad de Ecône, en el oeste de Suiza. Las consagraciones se llevaron a cabo sin el mandato ni la aprobación del Papa, lo que según el Derecho Canónico constituye una flagrante violación que acarrea la expulsión inmediata de la comunidad eclesial.
Quiénes son los sancionados
La excomunión recae de forma inmediata sobre los cuatro sacerdotes recién consagrados obispos:
Michel Poinsinet de Sivry (Francia)
Marc Hanappier (Francia)
Michael Goldade (Estados Unidos)
Pascal Schreiber (Suiza)
Asimismo, la sanción engloba a los dos obispos consagrantes que lideraron la ceremonia, elevando a seis el total de jerarcas tradicionalistas formalmente apartados de la comunión con Roma.
Alerta roja para los files católicos
Más allá de la sanción a la cúpula de la FSSPX, el comunicado del Vaticano introduce un elemento de alta tensión para la comunidad católica global. La Santa Sede advirtió explícitamente que cualquier fiel laico que «adhiera formalmente» a este grupo tradicionalista sufrirá la misma pena de excomunión.
Con esto, Roma busca frenar la expansión del movimiento fundado en su día por el arzobispo Marcel Lefebvre, exigiendo una postura tajante de obediencia al Papa y al Concilio Vaticano II. La Fraternidad de San Pío X ha mantenido durante décadas una postura de rechazo a las reformas litúrgicas y teológicas modernas de la Iglesia, y esta nueva oleada de ordenaciones sin el aval de el Vaticano rompe los frágiles puentes de diálogo que se habían intentado tender en los últimos tiempos.